Washington - El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, no es el favorito de los medios. Su popularidad en Estados Unidos es aún menor que la de su superior, George W. Bush. El día del quinto aniversario de la guerra de Irak -y pocos días antes de que los soldados estadounidenses muertos en esa contienda alcanzaran los 4.000-, el rudo político republicano, que a menudo parece malhumorado, volvió a desencadenar los ataques de, al menos, los medios liberales.
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Y lo consiguió con una única y breve palabra. El moderador de la emisora ABC le dijo que «dos tercios de los americanos rechazan la guerra de Irak», a lo que Cheney respondió con un «so?», el equivalente a un «¿Y qué?». Una política visionaria no puede dejar dirigirse por encuestas de opinión, dijo fríamente el vice-presidente, que ya en 2005 veía la insurgencia en Irak «en las últimas». Las palabras de Cheney arrojan incluso luz sobre la actitud del gobierno Bush y sobre el significado actual de la guerra de Irak para la opinión pública en Estados Unidos.
«Cheney lleva siendo despectivo con el resto de la gente durante tanto tiempo que el frunce irónico de sus labios se ha convertido en permanente», escribió la columnista Melanie Scarborough indignada. Las mane-ras de ver de Cheney son «extraterrestres», opinó Dana Milbank en «The Washington Post». La portavoz de Bush, Dana Perino, se sintió obligada a relativizar las palabras de Cheney. Naturalmente, el presidente busca la aprobación de las personas, al mismo tiempo que no deja que las encuestas influyan en la política, matizó en un intento de apaciguar los ánimos.
Pero, de hecho, el gobierno de Bush se preocupa poco por la opinión pública. Y eso le resultó mucho más fácil desde que la guerra de Irak se ha convertido para la mayoría de los norteamericanos desde hace tiempo en un tema de segunda, en vista de la crisis coyuntural.
Finalmente, al estadouni-dense medio apenas le afecta de forma personal la guerra, comentó pragmático el «USA Today». Nunca la mayoría de los ciudadanos estadounidenses estuvo tan distante del sufrimiento humano de una guerra estadounidense como el conflicto iraquí.
Vietnam
Una de las causas es que las pérdidas son relativamente bajas en comparación con otras guerras estadounidenses. En Vietnam, murieron 58.000 soldados estadounidenses; y en la Segunda Guerra Mundial, 400.000. Y en Estados Unidos hace tiempo que no hay servicio militar obligatorio, por lo que en Irak sólo se encuentran soldados profesionales que se decidieron por sí mismos a entrar en el Ejército.
En la campaña electoral, los aspirantes a candidato demócrata y críticos de la guerra Barack Obama y Hillary Clinton destacan por ello también los enormes costos económicos de la incur-sión armada en Irak. «Nuestra seguridad económica está en peligro», advirtió la sena-dora por Nueva York.
El candidato republicano a la presidencia, John Mc-Cain, opina, sin turbarse, que Estados Unidos debe terminar con éxito la guerra de Irak, incluso cuando ésta tenga que durar aún décadas. McCain está convencido de que puede entrar en la Casa Blanca con esta tesis central de campaña, incluso cuando hoy en día dos tercios de los estadounidenses rechazan la guerra. El republicano sabe que sólo una pequeña minoría desearía una salida precipitada. Y el hecho de que actualmente en Irak mueran alrededor de 30 soldados estadounidenses al mes no cambia nada.
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