La jornada, dividida entre el accidente aéreo y los comicios

Mundo

San Pablo (enviado especial) - El accidente del Boeing de la aerolínea Gol en Mato Grosso, que dejó 155 muertos tras un choque en pleno con un pequeño jet, dividió ayer la atención de los medios locales, impidiendo que ésta se volcara enteramente hacia las elecciones. Una verdadera tragedia, la peor de su tipo en la historia brasileña, que deprimió el humor colectivo, pero que implicó para el gobierno el triste beneficio de que la polémica por las corruptelas oficiales perdiera centimetraje en los diarios y minutos en la TV. Siempre hay almas prosaicas que encuentran ventajas que la conciencia se resiste a explorar.

Pese a eso la gran mayoría de los grandes diarios nacionales siguió destilando en sus ediciones de ayer su clara preferencia hacia Geraldo Alckmin, volviendo a publicar las fotos del dinero que hombres del Partido de los Trabajadores iban a invertir en una carpeta comprometedora para los postulantes socialdemócratas. Y divulgando, además, encuestas de última hora que, a diferencia de las anteriores, presagiaban un pequeño vuelco electoral a favor de la oposición que, afirmaban aunque sin jugarse, abría la perspectiva de un ballottage presidencial el 29 de octubre.

  • Encuestas

    País de contraste al fin, Brasil parece haberse bandeado una vez más con el tema de las encuestas. La de ayer fue la primera elección en la que los sondeos se permitieron en las últimas dos semanas de campaña, tras un fallo de la Justicia que privilegió el derecho constitucional a la información por sobre la equidad electoral que proclamaba la derogada norma que prohibía su difusión.

    Y los medios le sacaron el jugo al cambio de reglas hasta el último minuto.

    El presidente Lula da Silva ha llevado adelante una política económica elogiada por los mercados, pero nunca fue admitido como un miembro pleno de la elite que ha gobernado tradicionalmente Brasil. Eso, sumado al descaro de las corruptelas petistas (mayor a otros gobierno, incluyendo acaso al de Fernando Collor, lo que es mucho decir), derivó en una antipatía poco disimulada.

  • Fallas subsanadas

    La jornada electoral fue normal, aquí en San Pablo y en la mayor parte de Brasil. Fallas en algo más de 1.300 urnas electrónicas fueron prontamente subsanadas y, según constató Ambito Financiero en una recorrida por esta ciudad, muchos paulistas fueron muy temprano a votar, antes incluso de la apertura de las urnas a las 8 de la mañana.

    La mayoría llevaba en sus bolsillos papeles con los nombres y números de lista de sus candidatos preferidos (llamados «colas electorales») para presidente, gobernador, diputados, senadores y legisladores estaduales, un modo de evitar las complicaciones de un sistema de votación que obliga a memorizar y digitar hasta 16 dígitos.

    Donde la gente hizo esto, la votación fue ágil, dentro del minuto previsto por las autoridades electorales. Pero en mesas de barrios menos pudientes el trámite se hizo engorroso, con votantes tomando hasta 5 minutos para emitir su voto ante la impaciencia de quienes esperaban para sufragar.

    Hasta hace poco se permitía en Brasil la que, quizás era su práctica electoral más controvertida: el llamado boca de urna. Esta consistía en que militantes acosaran a los votantes con panfletos y conversaciones persuasivas hasta la misma urna electrónica, lo que en las ciudades grandes no pasaba de una irregularidad curiosa pero que en el interior aislado daba pie a verdaderos abusos y apremios contra los votantes.

    Esto, esta vez, estuvo prohibido, so pena de entre 6 meses y un año de cárcel y multas de hasta 6.800 dólares. Pero no así el uso de distintivos y símbolos partidarios en los colegios electorales, algo que derivó en un hecho curioso que involucró a los periodistas que acompañamos la votación de Lula en la Escuela Estadual Joao Firmino Correia de Araújo, en la ciudad industrial de Sao Bernardo de Campo, próxima a San Pablo.

    Dispuestos a sacar ventaja de la laxitud de las disposiciones electorales, los miembros de la campaña del presidente hicieron que los periodistas debieran acreditarse para poder presenciar la votación. Las credenciales, que debían colgar de sus cuellos, decían «campaña Lula».

    Ante esto, fiscales del Partido de la Social Democracia Brasileña protestaron para que los reporteros y enviados nos quitáramos esas credenciales de cariz propagandístico. La decisión de los veedores de la Justicia electoral fue salomónica: no hubo que sacarlas sino, simplemente, darlas vuelta. Es que más no se justificaba: quienes protestabanllevaban remeras con la sigla partidaria (PSDB) estampada en el pecho.

    Hubo, además, otro motivo de queja para esos fiscales opositores: la sensación de que un aparato petista se había montado en el lugar para rodear la aparición del mandatario de una claque que lo aclamara. Pero en rigor, fue lo de siempre: aparato más incondicionales espontáneos. Y fue inevitable.

    «Esta es una elección muy especial para Brasil, porque va a consolidar el proceso democrático», dijo Lula, quien concurrió apenas pasadas las 10 de la mañana a votar en compañía de su esposa Maria Letízia. «Estamos confiados en que vamos a ganar esta elección hoy», agregó, vestido con un pantalón oscuro, camisa y una campera clara.

    Además de su esposa, estuvo acompañado por el candidato a gobernador petista de San Pablo, Aloizio Mercadante, el principal perjudicado por el dossier-gate montado por sus hombres de mayor confianza y, desde ayer, probablemente cadáver político. Su rostro impávido mostraba la incomodidad del momento y, acaso, su futuro. Es que Lula se mostró con él, pero se mostró frío. No así con otro de sus acompañantes, el candidato a gobernador Eduardo Suplicy, hombre de muy buena imagen y que tomó distancia del escándalo desde el primer día, con quien se abrazó frente a los fotógrafos ante la mirada embelesada de los fiscales petistas y la recelosa de los opositores. Luego, rápidamente, volvió a Brasilia para seguir desde allí el escrutinio.

    Geraldo Alckmin, en tanto, concurrió a votar también a media mañana al Colégio Santo Américo en Morumbí, el rico distrito del sur de San Pablo. Vestido informalmente con camisa sport y pantalón, se mostró junto a su atractiva esposa, su hija y su pequeña nieta. Mucha sonrisa y aparente optimismo. «La ética va a vencer a la corrupción», dijo. Se lo veía genuinamente convencido de que la proeza de forzar un ballottage era posible.
  • Dejá tu comentario