La lucha contra el terror, un dilema de difícil solución
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Nos enfrentamos hoy a una alternativa casi idéntica a la que tuvimos que enfrentarnos hace medio siglo, ante el comienzo de la Guerra Fría. Entonces, hubo quienes se mostraron partidarios de la moderación y la disuasión frente a la hostilidad soviética. Otros se pronunciaron a favor de la destrucción del poderío soviético mediante una guerra de prevención.
•Moderación
Si bombardeamos e invadimos Irak, matando seguramente a cientos de civiles iraquíes; si desestabilizamos a los países árabes; si seguimos tolerando que Israel niegue a los palestinos un Estado separado, corremos el peligro de unificar a todo el mundo musulmán en nuestra contra y hacer que estalle el tan temido «choque de civilizaciones». Eso sí que podría llevarnos a una Tercera Guerra Mundial, a un conflicto de siniestras consecuencias en el que se recurriría a la guerra biológica, química, radiológica y, que el cielo nos asista, nuclear. Si éstas fueran las consecuencias que siguieran, a buen seguro que el 11-S se convertiría en una fecha que perduraría en la historia de la infamia.
•Improbable
Ahora bien, ¿por qué tenemos que correr semejantes riesgos? ¿Por qué no probamos esa combinación de moderación y disuasión que nos hizo ganar la Guerra Fría? No es probable que Saddam vaya a atacar a otros países. Es perfectamente consciente de que así le estaría haciendo el juego a Bush. La respuesta sería inmediata y contundente, y Saddam no tiene ningún interés en suicidarse.
El terrorismo como tal no va a desaparecer nunca por completo. Los norteamericanos podemos aprender a vivir con un cierto grado de terrorismo, al igual que ya han aprendido a hacerlo los ciudadanos de buena parte del mundo. Así, nos garantizamos que el 11-S no nos va a abocar a una Tercera Guerra Mundial y no va a cambiar nuestro mundo para siempre.
Si la alternativa por la que nos inclinamos los norteamericanos es la moderación, en lugar de la guerra preventiva, la catástrofe del 11-S, como la del acorazado Maine, empezará con el tiempo a perder importancia en la memoria colectiva. Eso no va a hacer que desaparezcan en el olvido el tremendo horror causado por el asesinato masivo de inocentes. Ese recuerdo perdurará durante mucho tiempo, y debería ser motivo para que renováramos nuestra confianza en el vigor de los Estados Unidos del futuro.




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