La matanza xenófoba en Alemania enciende las alarmas sobre el auge del extremismo ultra

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Murieron nueve personas. La jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, afirmó que la masacre expuso el racismo en el país. La policía local identificó a unos 60 adherentes de la extrema derecha como individuos "peligrosos" capaces de cometer actos violentos contra otras personas.

Berlín - La matanza xenófoba de nueve personas en Alemania desató ayer estupor, condenas y muestras de condolencias en un país aún acechado por su pasado nazi, además de alimentar los temores por el auge de la extrema derecha local luego de un ataque a una sinagoga y el asesinato de un político proinmigración ocurridos el año pasado.

La jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, dijo que la masacre expuso el racismo en el país, apenas dos meses después de que la propia canciller conmemorara en Auschwitz los 75 años de la liberación del campo de concentración nazi y expresara su “honda vergüenza por los crímenes bárbaros cometidos aquí por los alemanes”.

“El racismo es un veneno, el odio es un veneno que existe en nuestra sociedad y que ya tiene la culpa de demasiados crímenes”, dijo ayer Merkel en Berlín, donde además prometió pelear contra “todos aquellos que tratan de dividir a Alemania”.

La canciller citó los asesinatos cometidos por la ya desarticulada célula neonazi NSU entre 2000 y 2007, así como el homicidio de junio del político proinmigración Walter Luebcke y el mortal atentado antisemita de octubre en Halle como ejemplos de la amenaza que representa la envalentonada ultraderecha alemana.

La policía local identificó a unos 60 adherentes de la extrema derecha como individuos “peligrosos” capaces de cometer actos violentos contra otras personas.

El viernes, la policía arrestó a 12 miembros de un grupo de ultraderecha por sospechas de que planeaba “impactantes” ataques contra mezquitas, similares a uno cometido el año pasado por un supremacista blanco en Nueva Zelanda.

El ataque del miércoles en el centro de la ciudad de Hanau, unos 20 kilómetros al este de Fráncfort, comenzó cuando el agresor, un alemán de 43 años identificado por los fiscales como Tobias R., atacó el bar Midnight, donde se fuma tabaco saborizado (shisha) en pipas de agua o narguiles típicos de Medio Oriente.

Metin Kan, quien conocía a muchas de las víctimas, dijo que era obvio que el agresor había elegido el barrio por ser habitado por inmigrantes. “Mirá, un bar shisha allá, un local de videojuegos allá, un restaurante de comida árabe allá... es un lugar frecuentado por inmigrantes. ¿Por qué este odio a los extranjeros? Acá todos nos llevamos bien”, dijo, citado por la cadena CNN.

El diario alemán Bild afirmó que el hombre tocó a la puerta del local y luego disparó contra personas en el sector de los narguiles. Después huyó en auto tras abrir fuego contra otro bar, llamado Arena Bar & Cafe.

Parientes y amigos de las víctimas, todas ellas de ascendencia extranjera, según las autoridades, se congregaron en el Arena Bar, llorando y abrazándose entre ellos.

“No podría estar más perturbada”, dijo Inge Bank, una alemana de 82 años que vive cerca. “Tenemos que hacer un corte de raíz si está volviendo el partido Nazi”, agregó la mujer al recordar que había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial.

El ministro del Interior Horst Seehofer estuvo entre los funcionarios de alto rango que visitaron la escena del crimen en Hanau, una ciudad de unos 100.000 habitantes conmocionada por el ataque.

Más tarde lo hizo el presidente Frank-Walter Steinmeier, que depositó una ofrenda floral en el bar Arena por la noche antes de sumarse a una vigilia por las víctimas. Otros actos similares se celebraron en Berlín, Fráncfort y más de una decena de ciudades de Alemania.

Seehofer dijo que en los próximos días se discutirán formas de mejorar la seguridad a la luz de los “muy preocupantes” acontecimientos en la escena de la extrema derecha.

Un minuto de silencio fue hecho antes del partido de fútbol que el club Eintracht Frankfurt y el Red Bull Salzburgo, de Austria, por la copa Europa League. Al mismo tiempo, el festival de cine Berlinale abrió ayer con un minuto de silencio por el ataque en Hanau.

El ataque fue condenado por varias organizaciones alemanas, como el Consejo Central de Musulmanes, la Confederación de Asociaciones Kurdas de Alemania y el Consejo Central de los Judíos.

Cinco de los muertos eran turcos, que son la primera minoría de Alemania.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pidió que se esclarezca el “espantoso ataque”.

Mientras llovían condenas de líderes extranjeros, el líder del partido de extrema derecha alemán Alternativa para Alemania (AfD), Joerg Meuthen, ignoró críticas y dijo que la matanza no eran “terrorismo ni de derecha ni de izquierda”, dijo la acción de “un loco”.

Políticos de todo el espectro ideológico han acusado a AfD, un partido antiislam y antiinmigración, de naturalizar el discurso de odio y fomentar el sentimiento contra los inmigrantes en los últimos años.

Entre los gobernantes que enviaron sus condenas y condolencias figuraron el primer ministro británico, Boris Johnson; el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro de Italia, Guiseppe Conte, además de autoridades de la Unión Europea (UE).

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