Según las fuentes, los integrantes del «Ejército del Mahdi»- considerado hasta hace poco como muy hostil hacia el nuevo gobierno de Bagdad se vieron obligados a pedir ayuda a la policía ante la violencia de los enfrentamientos.
Cuando los agentes llegaron a la zona, solicitaron refuerzos al Ministerio de Interior, que envió una unidad de fuerzas especiales. Los insurgentes, una vez que comprobaron que eran inferiores a sus oponentes en número y armamento, escaparon de la región.
Poco después, las fuerzas gubernamentales iraquíes lanzaron una inspección que concluyó con la detención de una cifra indeterminada de sospechosos.
Pese a que la zona donde tuvo lugar el incidente está habitada por clanes árabes sunnitas y chiitas, en ella no se han registrado enfrentamientos entre ambas comunidades, como los que sucedieron en la provincia de Babel, al suroeste de Bagdad.
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