Bagdad (El Mundo) - Los aviones de Washington atacaron instalaciones civiles, torres de electricidad que abastecen a los pueblos cercanos y depósitos de petróleo para acabar con las humaredas provocadas por los iraquíes, pero la verdadera defensa de Bagdad, perfeccionada visiblemente en el curso de los últimos días, queda intacta.
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Se trata de un sistema casi arcaico, donde los cañones, las baterías antiaéreas, las lanzamisiles, los vehículos de transporte y los vehículos de combate han sido camuflados entre las palmeras de manera que resultan casi imperceptibles incluso desde la propia ruta.
El primer círculo de defensa, con numerosos cañones de 155 milímetros y artillería antiaérea, es el más visible y está situado a la entrada de la ciudad. Los soldados iraquíes ponen esta última en funcionamiento cada día, tratando de alcanzar los aviones que bombardean la ciudad. La artillería pesada, bien camuflada, es numerosa pero está a la espera. Las autoridades rechazan quemar sus cartuchos hasta que la entrada a Bagdad esté muy próxima. A partir de ahí, la ruta está repleta de tropas y artilugios defensivos que prometen un duro recibimiento a los agresores.
Centenares de hombres, la mayoría de ellos pertenecientes a la Guardia Republicana y a la Guardia Especial, las fuerzas de elite del régimen, han sido acantonados en barracones a lo largo de la carretera. Los campamentos resultan casi invisibles por aire y difíciles de divisar por tierra.
Además, es imposible saber cuántos soldados alojan en su interior. Las trincheras forman parte del paisaje de la zona, así como el armamento pesado. Los hombres de la Guardia Republicana esperan el combate acampados con tranquilidad a la sombra de los árboles, y no dudan en responder con una sonrisa y el signo de la victoria al saludo de los extranjeros. Parecen no necesitar nada. Los soldados iraquíes se establecieron en puestos autónomos en los que los aldeanos les proporcionan todo lo que necesitan y se comprometen en la defensa del tramo de carretera que les quede más próximo. Porque, en Irak, la guerra ha dejado sin empleo a todos los hombres que, armados desde el enfrentamiento contra Irán, tienen sus fusiles Kalashnikov preparados para disparar a cualquier extranjero ataviado de militar que trate de adentrarse en su territorio.
Poco pueden hacer contra la aviación de EE.UU. Los B-52 sobrevuelan con total impunidad el espacio aéreo en busca de objetivos, pero la picaresca iraquí resulta difícil de esquivar. Carcazas de camiones han sido colocadas en lo alto de montículos, simulando ser radares que, en realidad, están ocultos por la escasa foresta de la zona.
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