La última "herejía" en Afganistán
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La activista local Fanzia Gelani, una de las 583 mujeres que se presentaron en las últimas elecciones parlamentarias en Afganistán, inauguró este centro el año pasado para dar a las mujeres «la oportunidad de mejorar su salud». Y, por salud, se refiere a ambas: física y mental.
La anunciada liberación de la mujer afgana no llegó, como se esperaba, con la caída del régimen fundamentalista de los talibanes en 2001. Padres y maridos siguen imponiendo el «burka» a muchas mujeres, la mayoría de las jóvenes son obligadas a contraer matrimonios y en las aldeas se las sigue despojando de sus derechos.
El deporte femenino es una indecencia a los ojos de los fundamentalistas islámicos, incluido el antiguo gobernador de la provincia de Herat, Ismael Khan.
La osadía de las 33 socias de Shafaq les habría costado una sesión de latigazos e incluso la cárcel en la etapa talibán (1996-2001).
• Nuevos centros
Estos días, sin embargo, las pioneras del destartalado gimnasio han logrado el imposible de que se extienda el ejemplo: otros cuatro centros deportivos femeninos han abierto en el último año.
La moda de los gimnasios ha provocado en Herat un agrio debate entre quienes creen que hay que adaptarse a los nuevos tiempos -e incluso mandan a sus esposas a ponerse en forma- y los que han amenazado con prender fuego a los locales. «Si las mujeres empiezan así, ¿qué será lo siguiente? Esto sólo traerá el castigo de Alá», asegura indignado Yusuf, el barbudo regente de una tienda de fotografía en la avenida principal de la ciudad.




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