27 de septiembre 2005 - 00:00

La última "herejía" en Afganistán

Afganistán - La fotografía de un atractivo actor iraní anima a las rezagadas a aguantar un rato más en la bicicleta estática, estirarse un poco más en la colchoneta o correr un poco más rápido sobre las cintas. La playa más cercana para exhibir el físico está a miles de kilómetros y la mayoría de las mujeres que se acercan hasta aquí deben cubrirse de pies a cabeza para salir a la calle. Pero en este pequeño sótano del centro de Herat, lejos de las miradas de una de las sociedades más conservadoras del mundo, las clientas del primer gimnasio femenino de Afganistán han encontrado un pequeño oasis de libertad.

No hay carteles que lo identifiquen en la entrada y la promoción del negocio se limita al boca a boca por miedo a represalias.

• Música pop

Todas las mañanas, poco después del amanecer, las primeras mujeres llegan discretamente al gimnasio Shafaq, cambian el velo por ropa de gimnasia y comienzan a ejercitarse al son de las notas de la música pop local.

Las instalaciones se limitan a seis bicicletas estáticas,algunas máquinas para correr y viejos aparatos de pesas que fueron adquiridos de tercera mano y chirrían con cada esfuerzo.

«Es un lugar donde liberarse del estrés y aquí, como sabrá, tenemos mucho de eso», asegura una joven veinteañera que prefiere no dar su nombre. «Vengo a escondidas de mi padre», dice.

La activista local
Fanzia Gelani, una de las 583 mujeres que se presentaron en las últimas elecciones parlamentarias en Afganistán, inauguró este centro el año pasado para dar a las mujeres «la oportunidad de mejorar su salud». Y, por salud, se refiere a ambas: física y mental.

La anunciada liberación de la mujer afgana no llegó, como se esperaba, con la caída del régimen fundamentalista de los talibanes en 2001.
Padres y maridos siguen imponiendo el «burka» a muchas mujeres, la mayoría de las jóvenes son obligadas a contraer matrimonios y en las aldeas se las sigue despojando de sus derechos.

El deporte femenino es una indecencia a los ojos de los fundamentalistas islámicos
, incluido el antiguo gobernador de la provincia de Herat, Ismael Khan.

La osadía de las 33 socias de Shafaq
les habría costado una sesión de latigazos e incluso la cárcel en la etapa talibán (1996-2001).

• Nuevos centros

Estos días, sin embargo, las pioneras del destartalado gimnasio han logrado el imposible de que se extienda el ejemplo: otros cuatro centros deportivos femeninos han abierto en el último año.

La moda de los gimnasios ha provocado en Herat un agrio debate entre quienes creen que hay que adaptarse a los nuevos tiempos -e incluso mandan a sus esposas a ponerse en forma- y los que han amenazado con prender fuego a los locales.
«Si las mujeres empiezan así, ¿qué será lo siguiente? Esto sólo traerá el castigo de Alá», asegura indignado Yusuf, el barbudo regente de una tienda de fotografía en la avenida principal de la ciudad.

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