Lanza Lula plan para frenar delito por u$s 3.300 millones
Que el problema de la inseguridad sea una preocupación en la mayoría de los países no hace más llevadera la dura realidad que viven los argentinos en esta materia. El mal de muchos, se sabe, no es buen consuelo. Pero lo que llama la atención es cómo reaccionan los gobiernos ante esta situación. Mientras en la Argentina no parece encararse este problema con la seriedad que merece, en otros lugarescomo Brasil y Gran Bretaña los gobiernos anuncian planes concretos para bajar los índices de delincuencia.
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Una imagen clásica de Brasil: fuerzas del orden en las favelas.
La ola de inseguridad obligó al gobierno a lanzar un plan sin
precedentes contra el delito.
En los cinco años que van desde 2001 hasta 2005 se produjeron 208.582 asesinatos en Brasil, según las últimas estadísticas del Ministerio de Justicia. En 2005, fueron 43.847 asesinatos, que dan una tasa de 23,8 homicidios por cada 100.000 habitantes.
«Brasil no está en guerra, pero los indicadores de muertes violentas en sus principales centros urbanos son similares a los de países en conflicto armado», relata un informe de 2004 de la ONG Social Watch.
El programa se propone provocar «un cambio de los indicadores de la violencia» a medio plazo, afirmó el ministro de Justicia, Tarso Genro.
Capacitación y mejoras económicas para policías, inversión en el sistema penitenciario y en el acceso a la Justicia, y combate a la violencia policial y al crimen organizado son algunas de las 94 medidas del plan, que también contempla programas sociales y de reinserción, como el proyecto Madres de la Paz, con ayudas económicas para mujeres en comunidades de riesgo.
El programa pretende la integraciónde las políticas nacionales de seguridad, altamente descentralizadas en este país, y compromete una Fuerza Nacional de Seguridad Pública con 500 efectivos disponibles para atender las necesidades de emergencia ante situaciones de extrema violencia.
El estado de Rio de Janeiro es el que más ha pedido ayuda del gobierno para enfrentar la violencia desbordada de las favelas, muchas veces controladas por el narcotráfico o por milicias parapoliciales. Estas bandas forman un poder paralelo y libran batallas abiertas a tiros entre sí o con la policía. Lula se comprometió recientemente a mantener en Rio buena parte del aparato de seguridad instalado para los Juegos Panamericanos.




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