Las claves, los planes y los escollos
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Abu Mazen fue elegido ayer presidente de la Autoridad Palestina (AP, el régimen autónomo asentado en Gaza y Cisjordania) en sustitución deYasser Arafat. La votación fue la segunda de su género tras la que se llevó a cabo de enero de 1996, donde Arafat se había proclamado vencedor con 88% de los votos.
No. En principio, Arafat ejercía como líder incontestable de la población palestina, no sólo por su rol histórico, sino también por acaparar en sus manos los cuatro elementos clave del poder en Cisjordania y en Gaza: la presidencia de la AP, la jefatura de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP, principal partido nacionalista), la de Al Fatah -el núcleo central de la OLP-y el mando de las fuerzas de seguridad. La muerte de Arafat produjo un fraccionamiento de esa estructura. La máxima autoridad de Al Fatah está ahora en manos de Faruk Kadumi, exiliado en Túnez y un reconocido opositor a los tratados de paz de Oslo. Por su parte, el primer ministro Ahmed Qorei preside el Consejo de Seguridad y, con ello, controla la más de media docena de unidades armadas de la seguridad palestina. Mazen, a quien no se quiere otorgar un poder omnímodo como el que ostentaba el viejo «rais», mantendría bajo su órbita la AP y la OLP, donde ejerce como secretario general.
Durante su campaña abogó por intentar alcanzar un alto el fuego con los grupos armados, reanudar de inmediato las negociaciones con Israel y, así, terminar de convertir el régimen autónomo en un Estado palestino soberano. También adelantó que piensa reformar los incontables servicios de seguridad palestinos (una tarea que podría encargar al hombre fuerte de Gaza, el moderado Mohammed Dahlan).
Por un lado, la creciente popularidad y la resistencia de los grupos extremistas (Hamas,Yihad y, dentro del propio Al Fatah, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa), los que boicotearán cualquier acuerdo de paz que, como mínimo, no permita al nuevo Estado tener su capital en Jerusalén, retener la totalidad de Gaza y Cisjordania y proclamar el derecho de retorno de todos los casi 4 millones de refugiados palestinos. Por el otro, estará la pretensión israelí de mantener bajo su control 58% de Cisjordania.



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