Las sucesivas muertes del Che
-
El llamado del Papa León XIV en Semana Santa contra la guerra: "No dejemos que nos paralicen"
-
La Casa Blanca negó que Trump haya sido hospitalizado tras una ola de rumores sobre su salud
De su desempeño luego como ministro de Industrias lo más relevante que se recuerda es que él mismo dijo en televisión que los refrescos que producía su ministerio tenían «sabora cucarachas». De su paso por el Banco Nacional, la firma desganada sobre los billetes que todavía buscan turistas y viudas, porque poco después el país -arruinado y con hambre-se convirtió en un simple receptor de «la generosa y desinteresada ayuda de la Unión Soviética». Esta es otra manera de morir un poco.
Los cubanos de los años 60, aquella generación de ilusos, tuvieron en la memoria a un Ernesto Guevara que, en su vida privada, se conducía con austeridad. Ese desinterés por los bienes materiales, en medio de una sociedad que se hacía cada día más pobre, lo diferenciaba de casi todos sus compañeros de armas que -en medio de la miseria general-se repartían lujosas residencias, yates, cotos de caza y otros privilegios en una fiesta que todavía no ha terminado.
De todas formas, si Guevara no hubiera ido a morirse lejos en defensa de sus puntos de vista, Cuba lo habría visto envejecer junto a quienes sostienen una dictadura de medio siglo. Tenía con ellos más afinidades que divergencias.
A estas alturas, cuando a pesar del control de la prensa, ya se sabe casi todo acerca de sus aventuras y fracasos en la campaña en el Congo y de su derrota en Bolivia, el fulgor de santurrón de Guevara lo pueden ver nada más que unos viejos nostálgicos prisioneros del pasado. Y, cómo no, la guardia de pícaros que usa su imagen para tratar de vivir del mito de la rebeldía que los mecanismos del capitalismo le han fabricado.
Mañana mismo los niños en edad escolar en Cuba, antes de entrar al aula, tendrán que levantar el brazo derecho a sólo unos centímetros del saludo hitleriano y gritar: «Seremos como el Che».
No conozco a muchos padres que quieran esa vida para sus hijos. Después de tanta agonía, la gente aspira a que sus hijos puedan elegir lo que ellos quieran ser.
Como no pueden negarse a esa ceremonia obligada y no hay prensa para decir lo que piensan, los cubanos se refugian en el humor amargo y duro y se preguntan si los niños que dicen querer ser como el Che serán asmáticos.
En el exterior Guevara es una imagen. En Cuba, un hombre que vivió y actuó allí desde el poder. Una presencia que el gobierno impone. Vendrán más muertes.
(*) Prominente escritor y disidente cubano. Sus críticas al régimen castrista le valieron en abril de 2003 una condena a 20 años de prisión. En noviembre de 2004 fue liberado gracias a la presión internacional, lo que le permitió trasladarse a España con su familia.




Dejá tu comentario