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Fuegos
artificiales
sobre las
cúpulas de
la Iglesia
de San
Basilio y el
Kremlin,
en Moscú.
(arriba).
George
Bush
acompañó
en los
actos a
Vladimir
Putin
derecha).
Si la visión de banderas con la hoz y el martillo o soldados desfilando al paso de oca en un eco de la pasada gloria comunista lo hicieron sentir incómodo, el presidente de Estados Unidos no lo dejó notar y se mostró sonriente en todo momento.
Las fuerzas rusas de seguridad instalaron un estricto cordón alrededor del centro de la ciudad y cerraron el área del Kremlin y de la Plaza Roja, impidiendo el paso de las personas no autorizadas, como medida de prevención ante los temores de que ocurriera algún ataque de los rebeldes chechenos.
El canciller alemán, Gerhard Schröder, y el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, de los países derrotados en la Segunda Guerra, también estuvieron presentes.
• Cordialidad
Bajo la lluvia, los líderes observaron las actividades desde un sitio frente al mausoleo de Vladimir Lenin -donde aún se encuentra embalsamado su cuerpo-, el mismo lugar desde el cual el dictador Josef Stalin había saludado a las victoriosas tropas soviéticas hace 60 años.
Putin estrechó la mano de Bush cordialmente. La atmósfera patriótica estuvo repleta de recuerdos del pasado soviético, sobre todo cuando el ministro de Defensa, Sergei Ivanov, saludó a las fuerzas armadas diciéndoles «tovarishchi», la expresión soviética que significa «camaradas».
Sin embargo, pese a la presencia de varios jefes de Estado, los líderes de dos países bálticos boicotearon los actos. Las naciones bálticas dicen que la derrota de la Alemania nazi significó para ellos «el comienzo de una segunda tiranía, esta vez bajo el dominio comunista soviético». Pero Putin ha rechazado sus demandas para que Moscú reconozca ese aspecto del pasado y se disculpe.
Por su parte, el presidente polaco, Aleksander Kwasniewski, también dijo que el triunfo soviético no tenía el mismo significado para su pueblo.
«Para algunos pueblos, como los estados bálticos, está vinculado con la pérdida de la independencia, y para otros como los polacos, una pérdida significativa de la soberanía y la represión estalinista» dijo el domingo, mientras otorgaba medallas a los veteranos en la embajada polaca.


