5 de noviembre 2004 - 00:00

Los demócratas y su peor crisis

Declaro el fin de las mayores operaciones de combate en Estados Unidos, dice el victorioso George W. Bush tras la división del país que creó la campaña electoral, según la visión de Michael DeAdder, en The Daily News, de Halifax, Nova Scotia, Canadá.
"Declaro el fin de las mayores operaciones de combate en Estados Unidos", dice el victorioso George W. Bush tras la división del país que creó la campaña electoral, según la visión de Michael DeAdder, en "The Daily News", de Halifax, Nova Scotia, Canadá.
Boston - Y el señor elegible no fue elegido. El apodo que el establishment demócrata y buena parte de la prensa de Estados Unidos colgaron a John Kerry durante las elecciones primarias no se ha realizado y abre así la crisis de su partido, que, tras una movilización sin precedentes, ha sufrido una de las derrotas más dolorosas de su historia.

La pareja demócrata, «Mr. Electable» y «Mr. Likable» (John Edwards, «el que gusta»), tenía más recursos a su disposición que ningún otro candidato: el récord de recaudación, grupos independientes trabajando para ellos, entre ellos, el monstruo de Internet moveon.org, el apoyo de la izquierda representada por Michael Moore -a pesar de que Kerry jugara a ser republicano-, el voto joven y un ejército de voluntarios dispuestos a todo para convencer a sus vecinos o conseguir más dinero. Las lágrimas de los demócratas en Copley Square, donde bajo una lluvia de aguanieve la fiesta del martes a la noche acabó en reunión lúgubre y silenciosa, parecían más de incredulidad que de tristeza. «¿Qué más podemos hacer, qué más?», repetía solo un joven en la plaza con desesperación.

• Principio del fin

El despertar de los demócratas fue el miércoles muy duro en su lucha por sobrevivir a una movilización masiva e iracunda y debatir hacia dónde va a ir un partido que en la última década no ha dejado de ceder poder. El año 1994, cuando los demócratas perdieron el Congreso, marcó el principio del fin para un partido que ahora se arriesga hasta a su división.

El conservador Leadership Council, un grupo que surgió de las ideas de Bill Clinton y que vería con buenos ojos a Hillary como candidata, querrá tirar del partido hacia la derecha, y la base más progresista, representada por Howard Dean, hacia la izquierda. «Y si se vuelve más conservador -dijo Dean en una entrevista con este periódico hace poco más de un mes-, se partirá en dos, y ése sería el final del Partido Demócrata.»

• Salvación

George Lakoff, profesor de la Universidad de Berkley y autor de un libro sobre la posible resurrección demócrata, considera que la única salvación para el partido es construir una maquinaria parecida a la de los republicanos, expertos en manejar el lenguaje y definir al unísono el mensaje. Lakoff se refiere a una gran organización popular que vaya recuperando las oficinas desde la base. Democracy for America, el grupo de presión de Dean, ha seguido ese camino, apoyando a más de un centenar de nuevos candidatos, desde el consejo de una biblioteca local hasta al Congreso (el más exitoso ha sido Barack Obama, nuevo senador por Illinois).

Para los electores demócratas, bajo shock, aún es pronto para hablar de lo que ocurrirá en 2008. Cuesta imaginar cómo podrán resistir cuatro años después de los últimos meses de tensión, pero
sólo les queda planear con visión de futuro, como hicieron los republicanos en los '90.

Hillary Clinton goza de una popularidad entre los demócratas que le facilitaría ganar las primarias.
Su marido se ha convertido en una especie de mito: después de todo, es el único demócrata que ha llegado a la Presidencia desde 1976. Sin embargo, la senadora por Nueva York es aún una de las figuras políticas más controvertidas de Estados Unidos y provoca odios igual de intensos que sus pasiones.

Lo cierto es que el partido tiene un problema mucho más profundo que elegir al candidato adecuado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar