Los demócratas y su peor crisis
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"Declaro el fin de las mayores operaciones de combate en Estados Unidos", dice el victorioso George W. Bush tras la división del país que creó la campaña electoral, según la visión de Michael DeAdder, en "The Daily News", de Halifax, Nova Scotia, Canadá.
George Lakoff, profesor de la Universidad de Berkley y autor de un libro sobre la posible resurrección demócrata, considera que la única salvación para el partido es construir una maquinaria parecida a la de los republicanos, expertos en manejar el lenguaje y definir al unísono el mensaje. Lakoff se refiere a una gran organización popular que vaya recuperando las oficinas desde la base. Democracy for America, el grupo de presión de Dean, ha seguido ese camino, apoyando a más de un centenar de nuevos candidatos, desde el consejo de una biblioteca local hasta al Congreso (el más exitoso ha sido Barack Obama, nuevo senador por Illinois).
Para los electores demócratas, bajo shock, aún es pronto para hablar de lo que ocurrirá en 2008. Cuesta imaginar cómo podrán resistir cuatro años después de los últimos meses de tensión, pero sólo les queda planear con visión de futuro, como hicieron los republicanos en los '90.
Hillary Clinton goza de una popularidad entre los demócratas que le facilitaría ganar las primarias. Su marido se ha convertido en una especie de mito: después de todo, es el único demócrata que ha llegado a la Presidencia desde 1976. Sin embargo, la senadora por Nueva York es aún una de las figuras políticas más controvertidas de Estados Unidos y provoca odios igual de intensos que sus pasiones.
Lo cierto es que el partido tiene un problema mucho más profundo que elegir al candidato adecuado.




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