Los especialistas no creen en un cambio de rumbo en la economía
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Lula da Silva y su esposa, Marisa, en la noche
del festejo en San Pablo. La polémica entre
desarrollistas y liberales volvió a estallar en su
gabinete.
Roberto Padovani, economista de la prestigiosan consultora Tendencias, puso las versiones sobre un cambio de rumbo en clave política. «Creo que el mercado no se toma muy en serio esta cuestión. Obviamente, está atento y es cauteloso, pero no hay un riesgo de que la economía vuelva al pasado», indicó.
«Hay que tomar con cuidado lo que se dice. Se trata de discursos políticos que ponen en evidencia una disputa muy fuerte por lograr tajadas de poder en el próximo gobierno. Todos quieren saber quién será el ministro de Hacienda, quién será el hombre más fuerte cerca del presidente», añadió.
Marcelo Salomon, analista financiero de Unibanco, apuntó en el mismo sentido. «El día de la elección dejó en claro que hay fuerzas en el gobierno que favorecen una baja más rápida de las tasas de interés, una política monetaria mucho más relajada, que genere crecimiento económico y, a partir de eso, resuelva los problemas fiscales. Mi opinión es que eso, en realidad, lo que provocaría es una mayor inflación. De cualquier forma, el presidente Lula confirmó que va a mantener la austeridad fiscal».
Más allá de las opiniones y los análisis, están los condicionamientos que una economía diversa como la brasileña impone a sus conductores. En este sentido, Padovani explica que «hay que ver la política económica como un todo. El gasto, las metas de superávit fiscal, el régimen cambiario y el sistema de metas de inflación hoy no se pueden alterar. Brasil tiene democracia, una economía abierta, y si alguien intenta cambiar eso habría un impacto demasiado fuerte en términos de crecimiento y en el nivel de popularidad del gobierno».
Un dato de particular interés para la Argentina es la política cambiaria del segundo gobierno de Lula. En este punto los especialistas consultados también son unánimes: la aventura de una devaluación es más que improbable.
Salomon recuerda que «no estamos en un régimen de cambio fijo sino fluctuante. El Banco Central ya está interviniendo con entre 4.000 y 5.000 millones de dólares todos los meses sólo para contener la velocidad de la apreciación del real. Eso es de por sí una intervención bastante fuerte. Imaginar cómo podría hacer una ingeniería financiera para ir hacia una devaluación del real me parece muy complicado».
«Una devaluación hoy no sería posible. Brasil está recibiendo un gran flujo de capital por las exportaciones y por la llegada de inversiones muy fuertes. El nivel del tipo de cambio es resultado de todo el ambiente económico», explica Padovani. A la pregunta de si el Banco Central tiene margen para hacer una intervención más agresiva, como se hace hoy en la Argentina para sostener el dólar, el analista de Tendencias explica: «No lo creo. Lo que la Argentina viene haciendo es mantener a toda costa la competitividad de sus exportaciones. Por lo ocurrido en 2001, ese país tiene un acceso menor a los mercados de capitales, por lo que debe capturar todas las divisas posibles que ingresan por exportaciones. Brasil tuvo que hacer lo mismo en los '80. La estrategia ha sido buena, pero tiene una contracara, que es el problema inflacionario. Lula tiene claro que una inflación baja es lo que permite mantener la capacidad de consumo de la población, algo que pesó mucho más en su reelección que todo lo ocurrido con los escándalos de corrupción. Más allá de lo técnico, se trata de un cálculo político».




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