18 de abril 2005 - 00:00

Los fieles aún añoran a Wojtyla

Ciudad del Vaticano ( enviado especial) - Entre lluvia y lluvia, y pese al frío, la Plaza San Pedro va tomando efervescencia. No hay multitudes, aunque grupos de todas las edades y nacionalidades se acercan a la basílica, repitiendo un rito de «comunión» que sólo parece poder lograrlo la Iglesia Católica en Occidente. Hasta se puede presumir que todas la ideologías están representadas en esas personas que quieren darse un lugar en la gran elección y contarle a este diario cómo es el papa que desean.

La irlandesa Fiona Mc Gay sale de una misa en la iglesia Santa Maria del Carmelo in Traspontina, en la Via della Concilliazione, la gran avenida que conduce al centro de la plaza. Su testimonio es representativo de otros, que a la pregunta de cómo piensan que debe ser el próximo papa, empiezan de inmediato a hablar del pontífice anterior. «Es muy emocionante estar acá. Juan Pablo II era un papa muy amado, estamos muy tristes, vino a Irlanda en 1979 y lo sentimos muy cerca». Se habla mucho de los temas que parecen cobrar fuerza en las sociedades pese a la negativa de la Iglesia. Sobre un tópico como la relación del catolicismo con la sexualidad y, por ejemplo, el uso del preservativo, Mc Gay, que supera los 60, se muestra cauta: «Juan Pablo II sólo siguió las enseñanzas de Cristo. Entiendo que muchas personas se pueden enojar, pero los cardenales no se desvían del camino de Dios».

Mientras se ve a los equipos de TV tomando sus lugares, en la puerta de la misma iglesia está la romana Francesca Proietti. Sobre la elección que se avecina, se siente «un poco emocionada, porque se fue 'nuestro papa', como lo llamábamos. Ahora tenemos la esperanza de que venga un papa como el que teníamos».

Los dichos de Francesca recuerdan que el carismático Karol Wojtyla, el primer jefe de la Iglesia no italiano en más de 450 años, supo conquistar de inmediato al pueblo italiano. El 16 de octubre de 1978, en su primer discurso tras su consagración, Juan Pablo II dijo en italiano a la multitud: «No sé si puedo explicarme bien en su lengua...». Tras un silencio cómplice, aclaró: «En nuestra lengua...».

A esta señora italiana la ilusiona ahora Joseph Ratzinger. «En el funeral del Papa estuvo brillante. Me emocionaron mucho las palabras sentidas que dijo... lo escuché tan sereno y profundo...» «¿Mujeres en el sacerdocio? No lo veo, quizá porque nunca las hemos tenido y uno no se puede imaginar cómo serían, pero para ser sincera, no.» Mirta Postiglioni, una bahiense argentina que ahora vive en Los Angeles, quiere a un italiano «para respetar la tradición». Sin embargo, su tradicionalismo no le impide reclamar «un papa más liberal que Juan Pablo II, para estar acorde con esta época».

Un gran grupo de sicilianos guiados por tres curas y una gran cruz comienza a hacer la fila para entrar a la basílica. El padre Vincenzo transmite la expectativa del momento. « Estamos en días muy delicados para la Iglesia, estamos aquí para rezar para que el Espíritu Santo pueda suscitar un nuevo papa que pueda hacer frente a las exigencias de hoy.»

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