Los Obama llevan el arte social a la Casa Blanca
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"Booker T. Washington" - William H. Johnson
Ligon extrajo ese desesperanzador mensaje de las crónicas del periodista blanco John Howard Griffin, que se hizo pasar por negro en los años sesenta e informó sobre los problemas que sufría.
Valerie Fletcher, responsable de arte de la Galería Hirshhorn de la capital, no ocultó su sorpresa cuando los Obama escogieron esta obra, "situada muy a la izquierda", para una galería presidencial que suele ser "bastante conservadora", según dijo a The Washington Post.
La sutileza con la que Ligon habla del racismo norteamericano marca también el resto de obras contemporáneas de la colección, como la reflexión sobre la indecisión de Ed Ruscha, que se contradice con las frases "puede que...", "pensándolo mejor", y "puede que no" impresas sobre un atardecer rojo.
Aunque la selección deja poco espacio a las mujeres artistas y obvia a la minoría más creciente del país, los hispanos, los Obama no se olvidan de una de las culturas más antiguas y maltratadas del país: la de los nativos americanos.
Cuatro piezas de cerámica y arcilla del Museo Nacional del Indio Americano añaden ahora otro tono al Despacho Oval, para orgullo de los artesanos que utilizan hoy las mismas técnicas que usaban sus ancestros hace cinco siglos.
La selección de los Obama, calificada por el Washington Post de "refinada", ha despertado además los aplausos de artistas y críticos de arte, fascinados por la "sensibilidad cultural" del presidente.
Pese a que el rasgo más destacado por los expertos es el afinado gusto por el arte moderno, que carece de precedentes entre los antecesores de Obama, muchos aprecian su especial ojo para la política que se esconde detrás de toda obra de arte.
Algunas de ellas, como el "Atardecer" de Winslow Homer, en el que un hombre se esfuerza en sacar un barco del lago, muestran fisuras en la imagen optimista y esperanzadora de Obama, que parece elegir para su intimidad los momentos de flaqueza de los artistas más alegres.





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