18 de enero 2005 - 00:00

Los planes secretos e insólitos del Pentágono

Nueva York - Un laboratorio del ejército de EE.UU. creía haber descubierto el arma más letal de todas, la que vuelve locos a los hombres, doblega su voluntad y los convierte en vulnerables. En junio de 1994, un centro militar de Ohio pidió fondos al Pentágono para desarrollar agentes químicos que, lanzados contra las tropas enemigas, provocarían que los soldados sintieran una «irresistible atracción sexual» los unos por los otros. La llamada «bomba del amor», que el Departamento de Defensa de la Administración Clinton rechazó entonces, contenía un afrodisíaco químico capaz de suscitar, según el laboratorio de Ohio, un comportamiento homosexual entre los soldados, con el consiguiente golpe «desagradable, aunque no completamente letal» a la moral.

El proyecto, para el que los científicos militares de la base de la fuerza aérea Wright en Dayton pedían 7,5 millones de dólares en los siguientes seis años, ha sido revelado ahora gracias a una querella del Sunshine-Project, una ONG internacional dedicada al estudio y la denuncia del uso de armas químicas y biológicas.

Las peculiares ideas propuestas al Pentágono -que confirma ahora haberlas recibido aunque asegura que nunca fueron desarrolladas-no se paraban en la bomba erótica. Dentro del programa llamado «Agentes químicos acosadores, molestos e identificadores del malo», otra arma, bautizada como «Pícame-Atácame», podría convertir a los soldados enemigos en sexualmente atractivos para «animales molestos o dañinos», como avispas, ratas y otros animales «más grandes» que picaran u olieran muy mal. Otro de sus agentes podría hacer a la piel ultrasensible a la luz solar.

Además del estudio de la atracción sexual, el laboratorio de Ohio consideraba armas más escatológicas. Así, el agente «¿Quién? ¿Yo?» podía crear «halitosis severa y duradera» y flatulencias constantes que servirían para identificar rápidamente a los enemigos, cuando estuvieran camuflados o se encontraran entre grupos de civiles. La idea de «¿Quién? ¿Yo?» es recurrente en el ejército de EE.UU., que, según los documentos publicados por el Sunshine Project, ha investigado esta peculiar bomba fétida desde 1945. Al final, los propios investigadores concluyeron que «¿Quién? ¿Yo?» podría no ser tan efectiva en la localización del enemigo porque, según ellos, «en muchas zonas del mundo, la gente no considera el olor fecal ofensivo, ya que lo huelen de forma habitual».

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