Kabul - A pesar de sus promesas de moderación y pacificación de Afganistán, los talibanes mataron a al menos tres personas al reprimir una protesta en la ciudad de Jalalabad, dijeron testigos, mientras el grupo ultraislamista avanzaba hacia la creación de un gobierno y los países occidentales aceleraban las evacuaciones en el caótico aeropuerto de Kabul.
Los talibanes se sacan el velo: represión dejó tres muertos en una protesta
El episodio desmiente las promesas de moderación de los ultraislamistas sunitas de Afganistán. También efectuaron disparos en las afueras del aeropuerto de Kabul. Analistas explican que el nuevo régimen necesita que continúe la ayuda internacional.
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RETÉN. Combatientes talibanes montan guardia en las afueras de Kabul. Recorren casa por casa para que los hombres temerosos del nuevo orden salgan a trabajar.
Las muertes complican los esfuerzos de la conducción talibán por mostrar un rostro más moderado que el conocido durante su régimen de terror entre 1996 y 2001.
Según prometieron a la comunidad internacional tras su conquista de la capital, Kabul, no se vengarán de sus viejos enemigos, amnistiarán a quienes colaboraron con la ocupación estadounidense y respetarán los derechos de las mujeres en el marco de la ley islámica.
Durante su primer gobierno, guiado igualmente por sharía -ley islámica-, las mujeres no podían trabajar, las niñas no podían ir al colegio y las mujeres debían vestir burkas -velo integral- que las cubrían por completo para salir. Ahora afirman que permitirán el uso de otro tipo de cobertura, menos extrema, para las mujeres (ver nota aparte).
Ante el temor de muchos a salir a trabajar, los combatientes ultraislamistas comenzaron a recorrer casa por casa para dar garantías de seguridad.
Los testigos dijeron que los decesos en Jalalabad ocurrieron cuando residentes locales intentaron izar la bandera nacional afgana en una plaza de la ciudad, a unos 150 kilómetros de la capital, en la carretera principal hacia Pakistán.
También hubo más de una decena de heridos después de que milicianos talibanes abrieron fuego contra los manifestantes.
En tanto, miles de afganos, muchos de los cuales ayudaron a las fuerzas extranjeras apoyadas por Estados Unidos durante dos décadas, están desesperados por salir del país y la gente sigue acudiendo en masa al aeropuerto de Kabul.
Comandantes y soldados talibanes dispararon ayer al aire para dispersar a la multitud congregada en las afueras del aeropuerto, dijo un funcionario talibán. “No tenemos intención de herir a nadie”, afirmó en declaraciones a la agencia Reuters.
El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, está en Emiratos Árabes Unidos, dijo el miércoles el Ministerio de Relaciones Exteriores emiratí, después de que hubo abandonado el país cuando los talibanes se hicieron con el control. De acuerdo con fuentes de la embajada rusa en Kabul, salió del país con al menos cuatro automóviles y un helicóptero lleno de dinero, estimado en 170 millones de dólares, aunque la versión no ha sido confirmada.
El mundo observa con desconfianza las promesas de los talibanes de actuar con autocontención, pero analistas atribuyeron ese discurso a la necesidad del nuevo régimen de seguir contando con ayuda financiera internacional.
Por lo pronto, algunos países ya anunciaron un congelamiento de su apoyo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han mantenido silencio, pero podrían también congelar su asistencia.
“Afganistán depende tremendamente de la ayuda extranjera”, subraya Vanda Felbab-Brown, especialista de Afganistán en la Brookings Institution, para quien el monto de las ayudas es al menos “diez veces superior” a los ingresos de los talibanes.
El año pasado, el PBI afgano sumó 19.810 millones de dólares, mientras que el flujo de ayuda representó 42,9% del mismo, según el Banco Mundial.
“La economía de Afganistán se caracteriza por su fragilidad y dependencia de la ayuda” internacional, precisa el BM, anotando que el desarrollo económico y la diversificación del sector privado han estado “trabados por la inseguridad, inestabilidad política, debilidad de las instituciones, inadecuada infraestructura, corrupción generalizada y un clima difícil para los negocios”.
Los ingresos actuales de los talibanes son estimados entre 300 millones y más de 1.500 millones de dólares anuales por el Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, que publicó un informe en mayo de 2020.



