18 de agosto 2003 - 00:00

Lula da Silva tajante: "en Brasil no habrá aventuras"

El presidente brasileño rompió el fin de semana con su norma de mantenerse distante de la prensa. Después de la victoria política que supuso el avance de su reforma previsional, Lula salió a efectuar declaraciones fuertes, destinadas a ratificar el rumbo de su gobierno -clave para toda la región- y a descartar los cambios de política económica y en la relación con el empresariado que le reclaman sectores de izquierda. «Brasil dará un salto de calidad, pero sin aventuras», dijo. También respaldó decididamente a su ministro de Hacienda, Antonio Palocci, la garantía de su línea económica ortodoxa. Lula se esforzó por mejorar aún más el clima de negocios en su país, asegurando que son bienvenidas las inversiones locales y extranjeras. Para eso -dijo-, se preocupa por asegurar la estabilidad jurídica y de precios «Claro que cambié. No puedo pasar la mitad del tiempo peleando. Un presidente no tiene derecho a irritarse», enfatizó Las críticas de izquierda «son un alerta sobre el camino que no se debe seguir». «El pueblo es inteligente y sabe esperar cuando siente que su presidente está siendo honesto», indicó.

Periodista: Hace algunos días especuladores apostaron a la debilidad del ministro de Hacienda, Antonio Palocci, para obtener ganancias en el mercado financiero...

Lula Da Silva: (interrumpe la pregunta) El que especule apostando contra Palocci va a perder. Si alguien quiere ganar algo apostando, recomiendo que lo haga a favor de Palocci. El es de mi más entera confianza. No está aquí porque él quiso, sino porque yo quise. Es uno de los compañeros en los que deposito el mayor grado de confianza, el mayor grado de compañerismo y de lealtad. Estamos juntos desde hace muchos años. Obviamente, hay en Brasil una disputa de intereses. Muchos empresarios no quieren reconocer que a fin del año pasado exageraron con el aumento de los precios imaginando que llevaríamos el país al desastre. Sólo que eso no ocurrió. Además, en economía no se puede agradar a griegos y troyanos. Al sector exportador le gustaría que tuviéramos un dólar a 3,20, 3,30, 3,40 reales. A los sectores que tienen deudas en dólares les gustaría que la cotización volviese a ser 1 a 1. El que va a regular el tipo de cambio es el mercado, y lo que va a dar estabilidad a la moneda es la retomada del crecimiento económico.


P.:
¿Qué diría a un inversor extranjero indeciso sobre colocar su dinero en Brasil, la India o Polonia?

L.D.S.:A los empresarios brasileños y a los de cualquier parte del mundo les digo que tenemos un marco regulatorio definido y un país promisorio y estable. Quiero invitarlos a participar corriendo solamente los riesgos naturales del sistema capitalista. Es así como se convence a las personas a venir acá, ofreciendo proyectos concretos y viables.


P.:
Tal vez esté faltando énfasis del gobierno brasileño en ese punto, dado que Brasil tiene que competir por los recursos con México, los países de Asia y de Europa del Este...

L.D.S.: Para los inversores, Brasil puede ser un gran negocio. Para nosotros, en algunos casos, su llegada es esencial. ¿Cómo vamos a hacer saneamiento básico en las regiones metropolitanas de este país sin inversiones de afuera? Ya no cabe aquel discurso ideológico de que el saneamiento básico es obra del gobierno federal y responsabilidad del estadual o del alcalde. Ese discurso sería maravilloso si tuviéramos el dinero para hacerlo. No sirve hacer un buen discurso ideológico y que el pueblo siga pisando desagotes a cielo abierto y bebiendo agua no tratada.


P.:
¿Ha cambiado el abordaje?

L.D.S.: Obviamente, cambié. Tengo cuatro años de mandato y no puedo pasar la mitad del tiempo peleando. Para mí, sería pasar mi primer año de gobierno criticando a mi antecesor, mostrando todo lo que, a entender de mi gobierno, estuvo equivocado. ¿Pero qué ganaría el país con eso? ¿Qué imagen enviaría al exterior? Entonces, vamos a cumplir con nuestras obligaciones, mirar hacia adelante.


P.:
Usted y su gobierno están enfrentando «fuego amigo», que es la reacción de los radicales, sus antiguos compañeros de viaje. ¿Esperaba que los radicales lo fueran tanto?

L.D.S.: Pensaba que las personas ligadas a nuestro proyecto debían asumir la responsabilidad de ser gobierno. Pero percibí que eligieron otro camino. Que lo sigan. La opción de ellos es legítima y el pueblo juzgará quién está en lo cierto.


P.:
Se sabe que usted quedó especialmente decepcionado con la senadora Heloísa Helena...

L.D.S.: Cuando comencé mi vida política, aprendí que hay determinado tipo de gente que es mejor que esté en contra de uno que a favor. En 1979, Celso Furtado me dijo algo que me ayudó hasta ahora: «Lula, no se preocupe por lo que dicen los ultraizquierdistas. Porque, en el fondo, son un alerta del camino que usted no debe seguir. Pero, al mismo tiempo, no permiten que usted vaya mucho a la derecha». En el fondo, ellos ayudan a continuar en el camino del medio.


P.:
¿Qué tipo de crítica lo irrita?

L.D.S.: Aprendí que el presidente no tiene derecho a irritarse. A los 57 años ya gasté mi capacidad de irritarme.


P.:
Las presiones mayores parecen ser de sus antiguos aliados, por ejemplo la cúpula del MST (los «sin tierra»).

L.D.S.: La gente tiene que pedir. No creo que la sociedad se quede pasiva porque Lula haya ganado las elecciones. Sigo creyendo que vamos a hacer un gran acuerdo con los trabajadores que luchan por la reforma agraria en este país, pero no podemos repetir los errores cometidos hasta ahora. ¿Cuántos asentamientos producen efectivamente? La mayoría sobrevive con una canasta básica porque el asentamiento ha sido tratado como una simple distribución de tierra. Cuando solamente da tierra, el gobierno se está librando de un problema social urbano y crea un problema social rural.


P.:
¿Piensa que Fernando Henrique Cardoso está cumpliendo un papel positivo como ex presidente?

L.D.S.: Creo que tropezó al hacer comentarios de carácter político. La sabiduría recomienda que los ex presidentes se queden quietos. No hay ejemplos en el mundo de presidentes que terminen su mandato y sigan dando pálpitos favorables o contrarios a quien asumió. En Davos, Bill Clinton me dijo una frase importante cuando quise conversar con él sobre la guerra en Irak: «Vea, presidente, en los Estados Unidos no comentamos actitudes del presidente.Yo soy un ex presidente y el actual es Bush. Yo no comento ninguna decisión de él». En otros países, el ex simplemente desaparece del escenario político partidario.


P.:
¿Da angustia ser presidente de un país en el que los problemas sociales parecen insolubles?

L.D.S.: Sí. De la misma forma que me daba angustia cuando tenía hijos pequeños y ellos escribían cartitas pidiendo un regalo que no podía comprarles. Pero prefería decirles que no podía antes que mentirles. El pueblo es inteligente, sabe de las dificultades, sabe esperar cuando siente que el presidente está siendo honesto. Yo estoy siendo 100% honesto. El país va a dar un salto de calidad, pero sin aventura. No quiero ser parte de esa ola. Cuando viene una ola bonita todo el mundo quiere surfear, pero cuando acaba nadie sabe qué hacer. Tenemos que tener paciencia. No se puede estar dando shocks a la economía. La historia de Brasil ya mostró que los shocks crean una euforia en las sociedades que duran dos meses y, después, el resultado siempre es peor. Mi lógica es la de la paciencia. Si debemos esperar un día más, un mes más, para tomar una decisión más consistente, vamos a esperar.


P.:
Pero, presidente, el desempleo bate récords, las grandes ciudades están cada vez más violentas. ¿Cuánto tiempo será necesario seguir esperando?

L.D.S.: El pueblo ya recuperó su autoestima. Todas las encuestas dicen eso. El pueblo sabe esperar cuando confía en su presidente. La gente sabe que tomamos posesión hace poco tiempo, que no podemos presentar muchos resultados antes de un año de trabajo. No voy a promover una ola de crecimiento que dé dos meses de euforia al pueblo brasileño y después sólo tristeza.


P.:
Su gobierno dio la impresión de que nunca iba a despegar...

L.D.S.: Todo el mundo tiene derecho de interpretar los datos a su modo. Cuando asumí, sabía que el primer año estaría dedicado a la construcción de la base de lo que será hecho en el siguiente. Uno de los pilares era, justamente, controlar la inflación. Otro era reducir la tasa de interés. Esas cosas deben ser hechas con mucha cautela y muy pensadas.

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