Sin duda, los EE.UU. son el país con mayor presencia en el Foro Económico de Davos, colmado de personalidades de todo el mundo. Por este motivo, no extraña el espectacular operativo de seguridad montado en este coqueto centro de esquí en Suiza. Pero también es cierto que Lula -el presidente de Brasil- es una de las estrellas de la cumbre, algo que Eduardo Duhalde no podrá evitar envidiar ya que su presencia pasará a un segundo plano. Sólo su reunión con Anne Krueger (Nº 2 del Fondo) mañana captará algunas miradas.
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La primera paradoja la ilustra la actitud de Lula, que logra aparecer -como le hubiera gustado a Duhalde si tuviera oxígeno para esos alardes- en las dos reuniones de las que es estrella. Hizo avisar que podría estar en el acto de hoy de Porto Alegre, adonde asisten quienes se ilusionan con que su liderazgo dará sentido a sus vidas -son los mismos que hace pocos años usaban la bufanda del subcomandante mexicano para justificar sus viáticos y sus viajes-. Pero también se hace esperar en Davos para explicarles detalles que dice tener de cómo llevará adelante su plan del Hambre Cero; como si los demás gobernantes del mundo no quisieran lograrlo, anunció que revelará las claves secretas de ese plan para alimentar a los brasileños.
Para que no quedase duda de que su corazón está en Porto Alegre pero que la necesidad está en Davos, Lula -dual- ordenó que las empresas Petrobrás y Banco do Brasil pagasen por auspiciar la tenida anticapitalista de Porto Alegre.
Como imitando al Duhalde que mandaba a Washington a Jorge Remes Lenicov a pedir un acuerdo con el FMI y al mismo tiempo llamaba a Olivos a comer asado a Daniel Carbonetto (ese rayo que ha pasado en un año por el farinellismo, el duhaldismo y hoy reposa un rato en el adolfismo) a reírse de su ministro viéndolo nervioso por TV.
Curiosa copia del nombre que le dio Mary Sánchez a la cartera de mutuales y cooperativas cuando fue funcionaria de Fernando de la Rúa.
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