Más de 100 botellas de ron y 200 litros de gaseosa para el "Cuba Libre" más grande del mundo

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Un campeonato panamericano de coctelería con 18 países invitados, incluyendo Estados Unidos, impulsa la industria turística nacional que enfrenta los riesgos del nuevo "congelamiento" de las relaciones con Washington.

Una de las "estrellas" de este encuentro de placer panamericano es un gigantesco cóctel llamado Cuba Libre preparado el domingo por cantineros locales que pretende romper un récord Guinness y que fue hecho con 108 botellas de ron más 200 litros del refresco cubano de cola a falta de Coca Cola, todo un símbolo "imperialista" aquí. Y además mucho hielo.

La otra estrella es el hotel Habana Libre, que fuera alguna vez el Havana Hilton de La Habana y que fue "nacionalizado" por el sistema socialista y su nombre cambiado en los 60.

Un medio local estatal divulgó que el muy vistoso edificio del céntrico barrio de El Vedado se inauguró el 19 de marzo de 1958 y "marca el paso de una capital cubana moderna, constituyendo la hospedería más céntrica y alta, de la ciudad en una punta de La Rampa, la calle más bulliciosa" de la ciudad.

Agregó como dato histórico que en la habitación del hotel nombrada La Castellana, el ya fallecido "líder Fidel Castro instaló la comandancia de esos primeros tiempos" tras su llegada a La Habana el 8 de enero de 1959 tas su guerra de guerrillas en la Sierra Maestra, en el extremo montañoso del país.

Pero el esfuerzo de este Panamericano de Coctelería no está vinculado con la política al menos de manera directa.

El turismo es uno de los "nudos" que no desató totalmente el "deshielo" entre Cuba y Estados Unidos iniciado en diciembre de 2014 bajo el presidente Barack Obama y detenido por el actual mandatario Donald Trump, pero sí lo suavizó bastante.

Tampoco pudo "desmantelarlo" antes completamente el conflicto bilateral de más de medio siglo y los especialistas dudan que alguna vez lo haga. "Aquí venían americanos en los tiempos más graves del conflicto. No era muchos pero no dejaron de venir", dijo Aleida, una habanera de 82 años de edad.

Durante la primera mitad del siglo 20 los viajes de "americanos" a la isla entonces "capitalista" y a "90 millas" de las costas más septentrionales de Estados Unidos eran diarios.

Una "oferta" muy conocida en aquellos tiempos de los años 50 era las estancias de unas horas de estadounidenses en La Habana para asistir a un famoso cabaret que aún existe, el Tropicana.

Venían yates, ferrys y numerosos vuelos regulares. El deshielo conseguido por Obama y el entonces presidente cubano Raúl Castro trajo de nuevo los vuelos regulares, algún que otro hotel administrado por estadounidenses y muchos planes.

El republicano Trump rompió tales proyectos a partir de su denuncia de "ataques sónicos" contra diplomáticos de su país desde 2016, pero no pudo hasta ahora ni señalar autores ni fuentes tecnológicas para hacerlos.

Mientras tanto, con todos los nubarrones de nuevo pesando sobre las relaciones entre los dos países, ya no se habla de llegadas millonarias de estadounidenses de vacaciones a Cuba.

Aunque con una divulgación pública más discreta, no han dejado de venir.

"No soy político. Nada de eso. Pero en Cuba me siento como en casa", dijo a ANSA Arthur, un estadounidense de 50 años que bajó recientemente en la Bahía de La Habana con su familia de uno de los cruceros que hacen paradas en Cuba en sus viajes por el Caribe. "Y no voy a dejar de venir", agregó.


Por Francisco Forteza, de la agencia ANSA.-

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