El ejército paquistaní traslada a dos extremistas capturados
en la Mezquita Roja. Aseguran que las autoridades buscan
ocultar el verdadero número de víctimas del combate que
desató allí el martes.
Islamabad (EFE, Reuters, AFP, ANSA) - El ejército paquistaní eliminó ayer los últimos focos de resistencia en la Mezquita Roja de Islamabad, donde se había atrincherado un grupo de extremistas islámicos ligados a Al-Qaeda con cientos de rehenes. Según cifras oficiales, el sangriento asalto se saldó, al menos inicialmente, con la muerte de 73 extremistas y 10 soldados, pero fuentes de los servicios de inteligencia revelaron que 286 cadáveres fueron retirados y que serán enterrados en una fosa común para ocultar la magnitud de la tragedia.
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En tanto, el número dos de la red terrorista Al-Qaeda, el egipcio Ayman al-Zawahiri, llamó a los paquistaníes a vengarse y a desatar una guerra santa contra el presidente, Pervez Musharraf.
En la grabación de 4 minutos titulada «La agresión contra la Mezquita Roja», elaborada por la productora multimedia de Al-Qaeda, Al-Sahab, y que ha sido colocada en Internet, Al-Zawahiri asegura que «el crimen sólo puede limpiarse con el arrepentimiento o la sangre».
«Si no se levantan, Musharraf los va a aniquilar. El no parará hasta erradicar el islam de Pakistán», dice la voz de Al-Zawahiri, mano derecha de Osama bin Laden.
Con respecto a la cantidad de víctimas, la fuente de inteligencia citada, que pidió el anonimato, sostuvo que 286 cadáveres fueron trasladados desde la mezquita a un almacén frigorífico privado a unos 20 kilómetros de distancia, mientras cientos de trabajadores cavaban en un cementerio para enterrarlos antes del amanecer.
El ejército, que custodiaba herméticamente todo el perímetro del templo destruido, añadió a su cifra parcial de víctimas fatales que 26 mujeres y 33 soldados resultaron heridos.
El portavoz del arma, Waheed Arshad, dijo que no podía dar una cifra de muertes entre las personas que había en la mezquita pues la recuperación de los cadáveres sólo podría hacerse una vez completada la fase de «peinado y limpieza» del complejo, que aún estaba en marcha.
Resistencia
Antes del asalto, el Gobierno había dicho que en el recinto resistían varias decenas de radicales armados escudados tras unos 300 a 500 mujeres y niños. Sin embargo, después sólo informó de la liberación, rendición o detención de unos 80 de éstos.
En otro indicio de la magnitud de la tragedia, el jefe de la Fundación humanitaria Edhi, Abdul Sattar Edhi, reveló ayer a la prensa en Islamabad que, tras la operación contra la mezquita,las autoridades militares le encargaron 400 sudarios blancos, que los musulmanes emplean para cubrir a sus muertos.
Uno de los fallecidos en la mezquita fue el cabecilla de su resistencia armada, el clérigo Rashid Ghazi, cuyo cadáver fue trasladado ayer en un helicóptero del Ejército a su pueblo natal, acompañado por su hermano y líder máximo de la Mezquita Roja, el detenido Abdul Aziz.
Pese a que las hermanas de ambos apelaron a la Corte Suprema para que se cumpla la última voluntad de Ghazi de ser enterrado en la Jamia Faridia, la madrasa masculina de la mezquita, los soldados llevaron el cadáver a la aldea de Rojhan Abdullah, situada en el centro de Pakistán.
El entierro fue pospuesto hastahoy a la mañana debido a una orden de la Corte, que exigió dar tiempo para que lleguen las hermanas, y que además pidió cumplir con la voluntad de Ghazi más adelante si la familia insiste en ello.
Los analistas consideran que el régimen de Musharraf, un aliado clave de EE.UU. en la guerra al terrorismo, quiere, con este traslado, evitar que la tumba de Ghazi junto a la de su padre (muerto también en la mezquita en 1989) se convierta en un lugar de peregrinación.
Si el «martirio» de Ghazi puede resultar desestabilizador para el régimen, mucho más lo sería la muerte de niñas estudiantes de la Jamia Hafsa, la madrasa (escuela coránica) femenina en la que el martes se registraron ayer los peores enfrentamientos armados. Muchas de las alumnas de la Mezquita Roja, una institución estatal, son hijas de representantes del clero o del ejército paquistaníes.
Ayer se celebraron los funerales de nueve soldados muertos en la «Operación Silencio» contra la mezquita, a los que asistió el presidente Musharraf, que después visitó a los heridos en un hospital militar.
El peso de la operación contra la mezquita lo llevó el grupo de servicios especiales del ejército, el mismo cuerpo de élite al que pertenece Musharraf.
El portavoz Arshad dio ayer por «casi acabada» la operación en la mezquita, donde por la mañana aún resistía algún militante armado, pero en la que faltaba por rastrear y detectar artefactos explosivos.
«Puede llevar algún tiempo limpiar el área debido a la caótica construcción del edificio de varias plantas del complejo», dijo en alusión a la madrasa de niñas.
El primer ministro, Shaukat Aziz, advirtió, en tanto, que el gobierno no tolerará más el uso de madrasas para promover ideas extremistas, aunque seguirá apoyando la enseñanza religiosa.
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