México: "reality" llevó a políticos a vivir a una villa
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Carlos Lozano, dirigente del Partido de la Revolución Institucional (PRI); Abel Sánchez, un diputado del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD); Maurilio Elizondo, diputado del gobernante Partido Acción Nacional (PAN); Gabriela Martín, dirigente del Partido de los Trabajadores (PT); Alfredo González, líder sindical, y un locutor de radio, José Luis Morales, se convirtieron durante tres días en los viles hermanitos.
La discusión del tema pasó del gobierno a una emisora local, que enfrentó al aire a políticos y oyentes, dejando en evidencia el universo que los separa. El presentador retó entonces a los involucrados a convivir durante una semana en una de las viviendas más pobres de la ciudad, a la que llamó «la casa del Vil Brother». La apuesta se redujo después a tres días, aunque con la condición de que la nueva familia subsistiera con 13 dólares diarios, algo más de lo que gastan muchos de sus vecinos.
Aceptado el reto, el asunto desbordó rápidamente las ondas, hasta convertirse en un fenómeno social que alteró la vida de esta pequeña capital del centro del país. El proyecto empezó, además, con bronca. El domingo pasado, minutos antes de que empezara el juego, el alcalde se presentó en su camioneta de vidrios oscuros para anunciar que se retiraba. «Hay cosas que hacer en el municipio. Yo creo que este tipo de pobreza la conocemos perfectamente», argumentó el político. El abucheo y los insultos de la concurrencia fueron inmediatos.
Dentro de la casa, cada uno de los políticos tenía que asumir alguno de los roles que hasta entonces desempeñaba la familia López García. El diputado del PAN ejerció de jefe de la familia. Apenas sabía agarrar una cacerola, así que delegó en cuanto pudo la tarea de hacer la comida familiar.
Obligado por las circunstancias, el diputado del PRD, en el papel de padre, pidió al locutor, que hacía de hijo mayor, que lo acompañara durante las tres mañanas a lavar coches y poner cemento y andamios en una casa cercana.
El primer día tan sólo habían puesto ocho ladrillos, cuando ambos se sentaron a descansar. Con toda la ciudad pendiente de la casa del Vil Brother, los vecinos del asentamiento irregular Cumbres III no vivieron ajenos a la concurrencia de coches caros y curiosos que llegaron hasta un sitio tan feo.
No todos los días hay dos diputados sentados sobre una piedra y comiendo bocadillos, así que no desaprovecharon para exponer y entregar sus reclamos, confiando más en el poder de su firma sobre un despacho que en su futuro como albañiles.
Los otros dos dirigentes ejercieron durante toda la estancia el papel de hijos, teniendo que asistir a una decrépita escuela cercana con un solo lápiz. La sorna con que el vecindario observó el show encontraba en las puertas de la casa nuevos motivos para la risa. «Yo nomás digo que se cuiden de los animales; aquí hay víboras, alacranes, arañas...», advertía Alejandra García, la hija menor del matrimonio, poco antes de dejar su casa.



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