4 de abril 2003 - 00:00

Mi vida con "Le Monde"

"Le Monde" es uno de los pocos que ha sabido resistir a la horrenda marea de sensacionalismo y banalización que destruyó a tantos de sus colegas. La evolución de la línea editorial hacia lo que yo llamaría la modernidad democrática y el realismo político es una de las cosas que más reprochan a «Le Monde» los periodistas Pierre Péan y Philippe Cohen en su libro «La face cachée du Monde».

Su durísima inquisición pretende demostrar que, además de traicionar sus orígenes, el diario francés ha acumulado tanto poder e incurrido en tales prácticas que se ha convertido en una verdadera amenaza para la institucionalidad democrática de Francia.

He leído (con esfuerzo) las 634 páginas del volumen y esta tesis no sólo no está probada en ellas: a menudo, el tipo de argumentación que pretende justificarla resulta autodestructiva.

El libro de Péan y de Cohen enumera muchos casos en los que, por antipatía personal, descuido, cálculo comercial o prejuicio político, «Le Monde» hizo daño, ofendió y causó perjuicios, a veces grandes, a determinadas personas.

Estoy seguro de que, en muchos de los casos citados, esto es cierto, y, por supuesto, criticable y lamentable. No debería ser así, desde luego, y ese género de abusos, que por desgracia son tan frecuentes, es bueno que sean denunciados y -si ha lugar- sancionados por la Justicia, o, por lo menos, por la opinión pública.

• Riesgos

Si una sociedad es abierta y plural, y existe en ella una Justicia digna de ese nombre, el riesgo de que este tipo de abusos se cometan disminuye, aunque no desaparece, pero eso no tiene que ver mucho ya con el funcionamiento de las instituciones sino con la naturaleza de las personas, que, como sabemos, no son ángeles, sino seres impregnados de instintos, pasiones, ambiciones, vanidades, que irremediablemente se infiltran en el quehacer profesional y a veces lo condicionan.

No debería ser así, claro está. Pero siempre lo ha sido y también lo fue, sin duda, en las épocas en que dirigía «Le Monde» el mítico fundador, Beuve-Méry, quien, según los autores, debe estar ahora revolviéndose de indignación en la tumba al ver en lo que han convertido su periódico.

Pues yo creo, más bien, que si «Le Monde» hubiera seguido siendo, en la actualidad, ese periódico que según los autores fue al principio, receloso del dinero, de la competencia, de la expansión y la modernización, puritano y monacal, habría desaparecido ya hace tiempo barrido por el implacable mercado, o sobreviviría en los márgenes de la vida francesa, con un devoto e insignificante número de lectores, como un exquisito anacronismo.

(*) Del diario "El País" de España

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