Mi vida con "Le Monde"
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Si una sociedad es abierta y plural, y existe en ella una Justicia digna de ese nombre, el riesgo de que este tipo de abusos se cometan disminuye, aunque no desaparece, pero eso no tiene que ver mucho ya con el funcionamiento de las instituciones sino con la naturaleza de las personas, que, como sabemos, no son ángeles, sino seres impregnados de instintos, pasiones, ambiciones, vanidades, que irremediablemente se infiltran en el quehacer profesional y a veces lo condicionan.
No debería ser así, claro está. Pero siempre lo ha sido y también lo fue, sin duda, en las épocas en que dirigía «Le Monde» el mítico fundador, Beuve-Méry, quien, según los autores, debe estar ahora revolviéndose de indignación en la tumba al ver en lo que han convertido su periódico.
Pues yo creo, más bien, que si «Le Monde» hubiera seguido siendo, en la actualidad, ese periódico que según los autores fue al principio, receloso del dinero, de la competencia, de la expansión y la modernización, puritano y monacal, habría desaparecido ya hace tiempo barrido por el implacable mercado, o sobreviviría en los márgenes de la vida francesa, con un devoto e insignificante número de lectores, como un exquisito anacronismo.
(*) Del diario "El País" de España




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