La misión de la NASA avanza de manera firme de cara a su tercer día de un viaje total de diez. En las últimas horas, la tripulación llevó adelante una maniobra de inyección traslunar.
La misión Artemis II avanza con hitos que empiezan a marcar un nuevo capítulo en la exploración espacial tripulada. Este jueves, la cápsula Orion, que transporta a cuatro astronautas, ejecutó un encendido decisivo de sus propulsores que le permitió abandonar la órbita terrestre y encarar su trayecto hacia la Luna. La maniobra no solo define el rumbo del viaje: también compromete a la tripulación a alcanzar la mayor distancia recorrida por humanos en el espacio.
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El impulso fue exitoso y colocó a la nave en la trayectoria adecuada para ingresar el domingo por la mañana en la esfera de influencia gravitatoria lunar, con el objetivo de superar el récord establecido por la misión Apolo 13 en 1970.
Misión Artemis II: la nave Orión avanza en su camino a la Luna
"Estamos disfrutando de una vista preciosa del lado oscuro de la Tierra iluminado por la luna en este preciso instante. ¡Fenomenal!", dijo el astronauta canadiense Jeremy Hansen al control de la misión unos 10 minutos después del encendido de los propulsores.
Desde su despegue, ocurrido 26 horas antes en Florida, la tripulación dedicó las primeras horas en el espacio a probar sistemas clave de la nave: cámaras, controles de vuelo y distintos componentes operativos. También tuvieron que resolver algunos inconvenientes menores, como fallas en el baño y el sistema de correo electrónico, que fueron corregidos sin mayores complicaciones.
Hasta ese momento, Orion se mantenía en una órbita terrestre altamente elíptica, que la llevaba desde unos 160 km de altura hasta picos de 64.000 km. Fue precisamente desde ese punto más lejano que se ejecutó la maniobra central de la misión: la denominada combustión de inyección translunar.
El encendido comenzó a las 19:49 ET (23:49 GMT) y consistió en una aceleración sostenida que sacó a la nave de la órbita terrestre para insertarla en una trayectoria rumbo a la Luna. Se trata del último gran uso de los propulsores: a partir de ahora, el recorrido quedará mayormente en manos de la mecánica orbital.
En paralelo, la experiencia de observar la Tierra desde esa distancia dejó también algunas dificultades prácticas. El comandante Reid Wiseman, que realizaba pruebas con cámaras mientras la nave se encontraba a unos 64.000 kilómetros del planeta, describió la complejidad de capturar imágenes con precisión: "Es como salir al patio trasero de tu casa e intentar fotografiar la luna. Así me siento ahora mismo al intentar fotografiar la Tierra", le dijo al control de la misión en Houston mientras tomaba fotos de su planeta natal con un iPhone.
El divertido momento de la astronauta Christina Koch: "Soy la plomera espacial"
"Soy la plomera espacial, estoy orgullosa de llamarme así. Me gusta decir que probablemente es la pieza de equipo más importante a bordo, así que todos respiramos aliviados cuando resultó que estaba todo bien", señaló entre risas.
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