5 de abril 2005 - 00:00

Multitud despide a Juan Pablo II. Lo entierran el viernes en el Vaticano

Ayer fue el día del comienzo de la conmovedora despedida popular a Karol Wojtyla, que terminará mañana. En medio de una multitud, sus restos fueron trasladados a pulso a través de la Plaza San Pedro, donde los fieles alternaron momentos de un silencio sobrecogedor con otros de encendidas vivas. Con su cuerpo ya instalado en la Basílica de San Pedro, los feligreses comenzaron a desfilar de a millares para rendirle el último tributo, una continua marea de gente que apenas se interrumpiría tres horas durante la madrugada. Como no dejó testamento, se develó ayer la incógnita de dónde será enterrado: para desazón de los polacos, será en el Vaticano, junto con la mayoría de los papas, tras una ceremonia que se desarrollará el viernes. Más de 400.000 personas ya llegaron a Roma, que espera verse colapsada con hasta 4 millones de visitantes. En medio de impactantes medidas de seguridad, asistirán cerca de 150 dignatarios extranjeros, entre ellos George W. Bush, Tony Blair, Jacques Chirac, Gerhard Schröder, Lula da Silva y Vicente Fox. Por la Argentina concurrirán Daniel Scioli y Rafael Bielsa. Mientras, crecen las especulaciones sobre su sucesor. Aunque es precipitado dar una conclusión definitiva, se va afirmando la idea de que el próximo papa será un europeo conservador y de edad avanzada, para asegurar una transición más bien breve.

Multitud despide a Juan Pablo II. Lo entierran el viernes en el Vaticano
Ciudad del Vaticano (EFE, ANSA, AFP, Reuters, DPA) -El multitudinario adiós a Juan Pablo II comenzó ayer con el emotivo desfile de decenas de miles de personas por la capilla ardiente del Papa polaco, colocada en la nave central de la Basílica de San Pedro.

Las puertas del templo se abrieron al público poco antes de las 19, hora local, con una hora de adelanto sobre el último horario previsto, en consideración a la enorme cantidad de fieles aglomerados desde horas antes ante la escalinata vaticana para despedirse del Pontífice.

Los fieles, que llegan en dos filas desde el Castillo de Sant'Angelo a través de la Vía de la Conciliación y de la Plaza de San Pedro, rinden homenaje a los restos mortales del Pontífice, situado a unos metros de ellos, y salir rápidamente de la Basílica.

• Indescriptible

Una vez afuera, las posibilidades para la desconcentración de la multitud son amplias, ya que la gente puede dirigirse hacia el barrio Prati de Roma, hacia la Plaza del Renacimiento, hacia la calle Gregorio VII o hacia el Hospital Espíritu Santo. «Para nosotros no murió el Papa, sino nuestro padre. Este viaje es un acto de deber», afirmó una polaca que esperaba para ver los restos mortales del Papa.

Los puestos de asistencia médica se encuentran en los extremos de la Plaza.

Voluntarios de la Protección distribuyen botellas de agua al inicio del recorrido entre los cientos de jóvenes y familias que se dirigen a dar el último adiós al Papa.

«Hemos estado en la cola durante más de seis horas, pero valió pena», aseguró una joven pareja italiana al salir de la basílica, sin ocultar su emoción por un momento que « perdurará toda la vida».

«Es indescriptible la sensación que se tiene viéndolo a pocos metros; me gustaría quedarme en la Plaza de San Pedro esta noche, porque quiero entrar otra vez», señalaba un ciudadano austríaco que viajó a Roma para la ocasión.

La multitud que formaba la larguísima fila, en la que había muchos jóvenes e incluso niños, guardaba un solemne silencio al acercarse a las puertas del templo, sólo roto en algunas ocasiones por cánticos que secundaban algunos grupos de religiosos.

En una mesa colocada a las puertas de la basílica, muchos fieles conmovidos depositaban flores o mensajes de despedida al papa Wojtyla, como el de una joven que le pedía perdón por no haberlo conocido en vida, o el de un grupo de estudiantes romanos que dejó un abultado sobre con la inscripción «para nuestro amado Papa».

Dos horas después de la apertura de la basílica, la larga cola se extendía aún a lo largo de la explanada vaticana, en un lento avance que suscitó algunas muestras de impaciencia entre los que la integraban. Estaba previsto que la capilla ardiente permaneciera abierta durante la noche, con una interrupción de apenas tres horas para poder proceder a su limpieza.

El cuerpo del Papa fue trasladado desde la sala Clementina, ubicada en el segundo piso del Palacio Pontificio, hasta la Basílica a través de la Plaza de San Pedro por doce portadores, que llevaron los restos dispuestos sobre una litera cubierta con un terciopelo rojo, el color de luto de los papas, ante los fieles durante 20 minutos, antes de dejarlos frente al altar de la confesión.

• Tributo

Los miles de fieles que aguardaban en la plaza la apertura de las puertas de San Pedro le tributaron una cariñosa ovación al detenerse por unos instantes en el umbral de la que será su última morada.

La imagen del difunto Papa vestido con casulla blanca, capa roja y mitra, y con un rosario entrelazado en los dedos y báculo de pastor, ha dado la vuelta al mundo a través de los medios de comunicación.

La procesión, que se realizó entre plegarias y tañidos fúnebres, fue precedida por una marcha de unos 2.500 sacerdotes, cientos de obispos y unos setenta cardenales, y acompañados a los lados por un pelotón de efectivos de la Guardia Suiza con sirios en la mano.

El cortejo, acompañado por la Guardia Suiza, fue abierto por el cardenal camarlengo, el español
Eduardo Martínez Somalo -a cargo interinamente de la administración vaticana-, quien entonó una plegaria en honor al Papa.

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