Unos 10.000 trabajadores de la empresa francesa de ferrocarriles, SNCF, comenzaron ayer a peinar toda esa red en busca de los artefactos explosivos, anunció su presidente, Louis Gallois, quien espera que la inspección acabe hoy. Esos mensajes de «Suzy» a «Mi gran lobo», que versaban sobre el pago del rescate y las modalidades de entrega, iban acompañados de un número de teléfono o de fax para que el grupo AZF respondiese. Un canal de comunicación privilegiado que ha sido «quemado» por la indiscreción del diario regional «La Depeche du Midi», que reveló ayer el caso pese a la
Los integrantes de AZF, que se han manifestado, desde mediados de diciembre pasado, con el envío de seis cartas al Elíseo y al Ministerio de Interior, se definen como un «grupo de presión de carácter terrorista creado en el seno de una hermandad laica». Para dejar clara la veracidad de sus amenazas, el grupo AZF develó a los investigadores, que están perplejos por la mezcla de profesionalidad de la banda en el manejo de explosivos y la incertidumbre de sus motivaciones, el lugar exacto donde había depositado una de las cargas. Fue el 21 de febrero pasado, cuando la policía encontró, gracias a los parámetros satelitales facilitados por el grupo, un sofisticado explosivo a 30 kilómetros de Limoges (centro), en la línea ferroviaria que conecta París con Toulouse (Sur).
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