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29 de mayo 2008 - 00:00

Negociaciones en la cuerda floja

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Jerusalén - El ultimátum lanzado ayer por el titular de Defensa, Ehud Barak, al primer ministro israelí, Ehud Olmert, para que abandone su cargo supone una hipoteca a los cuatro frentes negociadores que el Estado judío mantiene con sus vecinos árabes.

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La dimisión de Olmert frenaría los cuatro procesos, que se reanudarían si el sustituto del primer ministro fuera de su mismo partido centrista Kadima («Adelante»), pero que podrían interrumpirse definitivamente en caso de que el cese condujera a la convocatoria de elecciones.

El cauce de diálogo que resultaría más afectado sería el más antiguo y el único directo: el que Israel abrió con la Autoridad Palestina (AP) en la conferencia celebrada el pasado diciembre en Annapolis bajo los auspicios de Estados Unidos.

El objetivo de esas conversaciones es sentar las bases de un Estado palestino a fines de año, en un proceso cuyo desarrollo las partes llevan en secreto pero en el que, según ambas, se han registrado avances.

  • Siria

  • También podrían truncarselos incipientes contactos de Israel con Siria a través de Turquía, que acaban de iniciarse bajo la máxima acuñada por Olmert de que «los sirios saben perfectamente lo que quieren los israelíes y nosotros lo que quieren ellos». En otras palabras, lo que hay sobre esa mesa de negociación es la devolución por Israel a Siria de la meseta del Golán, a cambio de que Damasco rompa su alianza con Irán y suspenda su apoyo al movimiento islamista palestino Hamas (sunita) y a la milicia chiita libanesa Hizbollah.

    Estos dos últimos grupos integran junto a Siria el «núcleo duro» de rechazo al Estado judío en el mundo árabe y constituyen los otros dos interlocutores de Israel en transacciones que, como con el régimen de Damasco, se producen a través de intermediarios.

    Egipto presta sus oficios para establecer una tregua entre Israel y Hamas en Gaza, en tanto que Alemania media para que el Estado judío y Hizbollah alcancen un acuerdo de intercambio de prisioneros.

    Pese a que se trata de procesos de menor calado político -en la medida en que no está en juego una paz definitiva sino un compromiso temporal sobre asuntos específicos-, el éxito en las negociaciones con Hamas y Hizbollah facilitaría el entendimiento con la AP y Siria.

    Las cuatro negociaciones responden a iniciativas de Olmert y sólo tendrían continuidad si -en caso de que dimita el primer ministro-, lo reemplaza la titular de Exteriores y «número dos» de su partido, Tzipi Livni, también ferviente defensora del diálogo. Esa es la puerta que ha dejado entreabierta Barak, al advertir que «Kadima debe buscar sustituto» a Olmert ante las graves sospechas de corrupción que pesan sobre el jefe de gobierno.

    La única alternativa que ha planteado el ministro de Defensa es el adelanto de comicios generales, y sabe de lo que habla.

    Barak es el líder del Partido Laborista y la retirada de esa formación de la mayoría gubernamental desembocaría casi inevitablemente en una cita a las urnas en la que, según todas las encuestas, el claro ganador sería el conservador Likud. Y ese partido derechista mantiene una línea dura y es bastión de las posturas irreductibles frente a los vecinos árabes.

    Aunque siempre cabe la posibilidad de que Olmert -de quien sus detractores dicen que su febril esfuerzo negociador no es más que una cortina de humo para sus escándalos-, saque un conejo de la galera.

    El primer ministro israelí es un acreditado superviviente en la enfangada arena política de su país, tras haber sobrevivido a cuatro anteriores investigaciones por corrupción, y necesita un nuevo juego de prestidigitación para salir de esta última encrucijada.

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