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Médicos iraquíes reciben a un hombre gravemente herido en
el atentado terrorista de ayer en la ciudad de Kirkuk. La
escalada, atribuida a Al-Qaeda, complica cada vez más a
George W. Bush.
Las tensiones aumentaron allí los últimos meses debido a un artículo de la Constitución iraquí que preveía un referendo antes del final de año sobre la adhesión o no de la ciudad al gobierno regional autónomo del Kurdistán iraquí.
El doble atentado lleva la marca de Al-Qaeda, que se arraigó en los pueblos sunitas de la región, donde muchos tienen un gran resentimiento frente a lo que consideran como una soberanía kurda de facto.
En ese contexto de violencia, el ejército de EE.UU. lanzó una gran ofensiva contra refugios de supuestos miembros de esa organización terrorista al sur de Bagdad en la que participan miles de soldados, según indicó el mando militar norteamericano en un comunicado.
La nota explicó que la operación,bautizada como Avalancha-Marne, tiene el objetivo de «impedir que el sur de Bagdad sea usado como un escondite seguro y evitar el movimiento de armas, munición e insurgentes» en la capital.
El sur de Bagdad es una de las zonas más inseguras de Irak, y los municipios que se encuentran ubicados en esa área forman el llamado « triángulo de la muerte», en el que cientos de personas perdieron la vida como consecuencia de los ataques de la insurgencia.
Esta nueva ofensiva coincide con un momento delicado para la administración de George W. Bush, sometida a fuertes presiones por parte del Congreso -dominado por los demócrataspara que establezca un calendario para la retirada de Irak.
Los reclamos de la oposición comenzaron a hacer eco además entre importantes legisladores del Partido Republicano, que también hicieron público su voto a favor de que los soldados vuelvan al país. De a poco, Bush ve deshacerse el respaldo incondicional que mantenía entre países aliados, con el Reino Unido a la cabeza, que ayer anunció una retirada parcial del contingente desplegado en Irak, que podría continuar con repliegues mayores (ver aparte).
Pero la decepción en torno a la guerra en Irak también crece en el seno del gobierno: el último informe de la Casa Blanca sobre el conflicto, publicado la semana pasada, admite que los progresos en el terreno son « insatisfactorios».




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