No hubo avances en iniciativa para reforma de la Constitución europea
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Zapatero, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y el primer ministro italiano, Romano Prodi, decidieron plantar cara a las reivindicaciones británicas y polacas, aunque sin negarse a negociar salidas específicas para ambos países.
Los tres mandatarios dieron su apoyo total al borrador presentado hace unos días por la canciller alemana, Ángela Merkel, que recoge la "sustancia" de la Constitución con otro nombre y otra presentación para hacerla más aceptable.
La propuesta alemana recoge "toda la esencia y los equilibrios del Tratado constitucional", con un "salto impresionante" en el número de materias que pasarán de votarse por unanimidad a decidirse por mayoría cualificada y con un impulso a las políticas exterior y de justicia e interior, explicó a la prensa el secretario de Estado español para la UE, Alberto Navarro, sobre la iniciativa tripartita.
Entre otras modificaciones, el documento alemán -presentado como borrador de mandato a la Conferencia Intergubernamental que deberá redactar el nuevo tratado- rebaja el nivel de éste (ya no será una Constitución) y tampoco incluye las menciones a los símbolos de la UE (himno, bandera y lema).
También plantea modificar la denominación del futuro "ministro" de Exteriores.
España, Francia e Italia reiteraron que aceptarán un cambio de su nombre, aunque no una reducción de sus funciones.
La iniciativa tiene el valor de colocar a Francia, el país que abrió la crisis al rechazar en referéndum la Constitución, en el lado de los que quieren preservar al máximo su contenido y, especialmente, sus disposiciones institucionales.
Estas son, entre otras, la creación de un presidente estable para la UE, elegido por dos años y medio; la introducción de un sistema de voto que privilegia a los países más poblados, empezando por Alemania; la reducción de la capacidad nacional de veto, la creación de un "ministro" de Exteriores y la reducción del tamaño de la Comisión Europea, que dirige desde Bruselas las políticas comunes.
Los tres países plantearon comenzar a negociar inmediatamente "fórmulas" aceptables que permitan superar las reticencias del Reino Unido, Polonia y Holanda, sobre todo, sin cuestionar los avances de la Constitución.
A modo de ejemplo, fuentes españolas sugirieron que se podría ofrecer al Reino Unido una cláusula de autoexclusión ("opting out"), como la que ya disfruta para el euro, con el fin de soslayar la polémica en torno a la aplicación de la Carta de Derechos Fundamentales.
En el caso polaco, Varsovia plantea, con un apoyo checo no muy firme, que se redefina el mecanismo de voto por mayoría cualificada (la Constitución exige un 55 por ciento de Estados miembros con un 65% de la población de la UE).
Para Polonia, podría arbitrarse alguna variación del llamado "compromiso de Ioannina", conquistado por España y el Reino Unido en 1994 y por el cual puede suspenderse una decisión si, por debajo del umbral de votos requerido y dentro de cierta horquilla, un grupo de países expresa su oposición a una medida para la que ya hay una mayoría cualificada a favor en el Consejo.
Tras la cena separada de los jefes de Gobierno y los ministros, la cumbre de Bruselas entrará con toda probabilidad en una fase de contactos bilaterales entre la Presidencia alemana y las delegaciones que plantean más problemas.



