6 de agosto 2002 - 00:00

NOTA DEL DIARIO URUGUAYO EL OBSERVADOR SOBRE LAS ELECCIONES BRASILEÑAS (14/7/02)

NOTA DEL DIARIO EL OBSERVADOR DE URUGUAY (14/7/02)



Al compás de las encuestas


Hace sólo un año, Brasil era una estrella de los mercados emergentes, miles de millones de dólares en inversiones entraban al país dada la austeridad fiscal y las políticas de mercado del gobierno. Ahora las acciones están a la baja, el tipo de cambio aumenta y la calificación de riesgo se ha elevado hasta el segundo lugar a nivel mundial, luego de la de Argentina.
¿Qué sucedió? Los inversores se están alejando de Brasil al ver la ventaja en las encuestas del candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, sobre el candidato apoyado por el gobierno actual, José Serra. Los brasileños irán a las urnas para elegir a un nuevo presidente el 6 de octubre próximo y los vaivenes de las encuestas de intención de voto vienen determinando el ánimo de los inversores desde hace ya dos meses.
Muchos inversores temen que si es electo, Lula no cumplirá con el pago de la creciente deuda pública y reemplazará años de política de mercado abierto por un mayor proteccionismo que haría aumentar el déficit fiscal.
La deuda pública de Brasil siguió una tendencia creciente en los últimos años y actualmente se sitúa en el entorno del 56% del Producto Bruto Interno (PBI) si se la mide en términos netos y en 65% del PBI en términos brutos.
Además del endeudamiento, también hay otros factores macroeconómicos que están afectando la estabilidad financiera de Brasil, como las escasas perspectivas de crecimiento del producto, el consumo interno aletargado y el aumento del desempleo.
Sin embargo, los expertos también consideran que en una situación normal todos estos factores habrían afectado a los mercados financieros en mucho menor medida de lo que están haciéndolo. Creen que el nerviosismo de los mercados es excesivo, y responde al hecho de que los operadores financieros están anticipando la incertidumbre electoral.
Perfil de un candidato
Lula ha tratado de minimizar parte de su pasado radical cuando defendía una moratoria de la deuda externa, pero eso no ha convencido a los inversionistas, quienes aún se sienten escépticos y creen que un gobierno presidido por él tendría poca disciplina financiera y no sería efectivo controlando la inflación, las dos piedras angulares de los períodos del presidente Fernando Henrique Cardoso en el poder.
En la campaña electoral que comenzó la semana pasada, Lula que aspira por cuarta vez a la Presidencia y cuyas campañas anteriores perdieron vapor en la recta final garantizó los pagos de la deuda externa en caso de ganar los comicios de octubre próximo. Además, procuró tranquilizar a las empresas extranjeras afirmando que “os acuerdos vigentes serán cumplidos” pero se renegociarán los contratos, por ejemplo, de las concesionarias de energía.
En una entrevista que le realizó el diario catalán La Vanguardia, Da Silva afirmó que su gobierno “erá soberano y no aceptará imposiciones ni recetas hechas” y opinó que en las presidenciales “stará en juego la continuidad o no del predominio de las políticas neoliberales en Brasil”
Tras considerar que los acuerdos del gobierno de Cardoso con el FMI fueron “uinosos y mal hechos” dijo que ese organismo “ampoco ha dado una buena orientación” como demuestra lo ocurrido en Argentina o en Rusia.
En las últimas encuestas Lula se ubicó en solitario primer lugar, con el 38% y 39% de adhesión, según los sondeos de Vox Populi y Datha Folha de la semana pasada. Por su parte Ciro Gomes, ex gobernador del estado de Ceará, uno de los más pobres de Brasil, disputaba codo a codo el segundo lugar con Serra. A ambos se les da entre el 18 y 20% de las preferencias para la primera vuelta electoral.


Temor subyacente

Los economistas creen que el clima preelectoral desató un temor por la economía brasileña que estaba subyacente, pero que no se hubiera manifestado en un año “ormal” Según Mónica Baer, economista de la consultora brasileña MB Asociados, Brasil enfrenta un “eterioro de las expectativas que no se corresponde con las dificultades económicas de corto plazo” Desde el punto de vista de las variables macroeconómicas, lo que espera para fin de año es “n poco peor de lo que se imaginaba, pero no está fuera de control” sostuvo la analista para explicar que, a su juicio, el problema de Brasil es la inseguridad política y no las bases económicas.
La hipótesis de Ricardo Markwald, director de la Fundación Centro de Estudios del Comercio Exterior (Funcex), es que “ace ya dos meses que Brasil está atravesando una situación de fragilidad”y ésta “e hace más evidente por la proximidad de las elecciones”
La inseguridad política que se vive en Brasil tiene, según Baer, dos componentes: por un lado, la perspectiva de que Lula marque un cambio en la política económica trazada por Cardoso; por otro, la necesidad de que se emprenda un ajuste fiscal más estructural que permita retomar la senda del crecimiento económico.
Es que, afirmó la analista, en Brasil “ay presiones importantes, como la fiscal, que tienen que ser resueltas en el largo plazo. Si el país quiere crecer, no puede tener tasas de interés como las actuales (la Selic de referencia es de 18,5%, y en el mercado de futuro la tasa de interés está en 23%). Para eso debe hacer un ajuste fiscal más estructural que el que emprendió hasta ahora”
Con estos argumentos la economista defendió su idea de que Brasil “stá bajo control” pero el contexto político genera una fuerte inseguridad que es anticipada por los mercados. A su juicio, la intranquilidad persistirá hasta la segunda vuelta electoral.
“asta ahora el PT sólo presentó directrices generales que provocaron nerviosismo, ya que hubo muchas versiones distintas” señaló. “or lo menos lo que el mercado necesita saber es qué va a hacer el candidato de la oposición y cómo lo va a hacer” aunque, reflexionó la analista, “l mercado es muy cruel, porque le pide un programa a Lula pero no se lo pide a Serra”
Por otro lado, la situación macroeconómica de Brasil no es alentadora. Las previsiones iniciales para 2002 indicaban que el crecimiento económico sería bajo, y según Markwald éste estará en el entorno de 2%. La producción industrial probablemente crecerá menos de lo esperado, y la situación de Argentina también influirá. Los salarios reales están cayendo, lo cual le quita impulso al consumo doméstico, y tanto las exportaciones como las importaciones están descendiendo.
“uando todo esto se conjuga con el cuadro electoral, con la probabilidad de triunfo de la izquierda, se genera una sucesión de dudas. La izquierda realizó críticas generalizadas a las tasas altas de interés. Además, hubo declaraciones no muy convenientes sobre la reestructuración de la deuda, que dejaron dudas sobre si ésta sería compulsiva en vez de voluntaria” sostuvo el analista.
De esta forma, existe una situación de fragilidad que se combina con cierta histeria electoral provocada por las declaraciones de la izquierda, a lo que se suma la rebaja de la nota por parte de las calificadoras de riesgo, el hecho de que el gobierno use instrumentos compulsivos de control del mercado vendiendo dólares (aunque se reconoce que son limitados), y la situación internacional difícil.
Baer coincidió con su colega al resaltar que el hecho de que las tasas de interés sigan altas le imprimió pérdidas al mercado financiero, que pensaba que aquellas iban a bajar.
Adicionalmente, la situación de las empresas estadounidenses sobre las que penden denuncias de fraudes y maniobras contables ha reducido los flujos de inversión de empresas extranjeras al país. “os inversores no quieren saber de nada” dijo Baer.


Mercados cerrados

La incertidumbre política interna y la crítica situación corporativa externa hacen que los mercados de capitales estén virtualmente cerrados para Brasil. Esto es grave para el país sobre todo porque necesita refinanciar su deuda, y en tanto no pueda hacerlo, sufrirá presiones sobre el tipo de cambio.
“un con los mercados de deuda cerrados, Brasil tiene cómo sobrevivir este año, ya que posee reservas internacionales por US$ 42.500 millones” Sin embargo, el futuro sí es más dudoso. Ahora se está discutiendo el próximo préstamo puente del FMI, y “'bfcómo puede la oposición negociar con el FMI? Es complicado”
En la misma línea, Markwald afirmó que el hecho de que los mercados externos estén cerrados para Brasil no representa un problema para las necesidades de financiamiento de 2002 ya que éstas están cubiertas. “n total, este año Brasil necesitará fondos por US$ 50.000 millones, para cubrir el déficit de cuenta corriente de US$ 20.000 millones y la deuda externa de US$ 30.000 millones. El país recibe un flujo de fondos externos de cerca de US$ 18.000 millones al año, y tiene un buen nivel de RIN, además de contar con recursos del FMI. El resto de sus necesidades financieras deberá cubrirlas con instrumentos de deuda” afirmó.


El FMI en la campaña

Pero el gobierno sí está preocupado por el financiamiento necesario para 2002, y por eso está intentando prorrogar el acuerdo con el FMI.
El presidente del Banco Central de Brasil (BCB), Arminio Fraga, regresó el viernes de Estados Unidos, donde discutió con el FMI la idea de prorrogar el acuerdo, que expirará el próximo 13 de diciembre, para calmar los mercados durante el período de transición presidencial. La prórroga del acuerdo podría hacerse mediante un aumento del monto del crédito por US$ 15.000 millones concedido el año pasado, o con la creación de un nuevo “lindaje”
Pero el PT aseguró que la iniciativa de Fraga es “na trampa”contra Lula y que la transición debe hacerse después de las elecciones.
Por el contrario, Serra expresó su apoyo a la iniciativa. “reo que sería bueno prolongar el acuerdo. No porque Brasil esté necesitando de reservas, sino por tener un acuerdo más amplio, que daría garantía y seguridad” dijo Serra.
Si todo esto pasó en una campaña electoral que empezó oficialmente recién el lunes pasado, a medida que ésta se vaya desarrollando sólo cabe esperar que los mercados acompañen con una volatilidad aun mayor. Esto no es novedad para los mercados de Brasil, que ya están acostumbrados a temblar. Esta vez, al compás de las encuestas.


Por EVA SZARFMAN

Dejá tu comentario

Te puede interesar