Un policía iraquí camina entre los escombros que dejó el atentado perpetrado ayer contra una comisaría de Bagdad, que mató a diez iraquíes y dejó alrededor de cuarenta heridos.
Bagdad, Washington y Moscú (Reuters, AFP, EFE) - Irak vivió ayer uno de sus días más violentos desde la caída del régimen de Saddam Hussein, con un atentado a una comisaría que dejó por lo menos 10 iraquíes muertos, el asesinato de un agente de inteligencia de España y la muerte de un soldado estadounidense, en tres hechos distintos que reflejan el grado de inseguridad que se vive en el país. Mientras tanto, Alemania y Rusia condicionaron su participación en la conferencia de donantes impulsada por Estados Unidos para conseguir fondos para la reconstrucción iraquí a que se le dé el liderazgo de la misma a la ONU. La única buena noticia para el gobierno de George W. Bush es que la Cámara de Representantes aprobó ayer el presupuesto de 87.000 millones de dólares para las reconstrucciones de Irak y de Afganistán. En el atentado más sangriento en semanas, dos atacantes suicidas lanzaron un viejo modelo de auto estadounidense contra una estación de policía en Bagdad y mataron a dos agentes y a seis civiles e hirieron a decenas.
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«Vi un viejo Oldsmobile que se abalanzaba contra la estación de policía (...); se produjo una gran explosión», dijo Achmed Jassim, un policía herido. «Se trataba claramente de un atentado suicida», indicó otro agente. «Encontramos la cabeza de uno de los dos atacantes. Estaba cercenada.»
En otra parte de la ciudad, hombres armados mataron a un militar español, de 34 años, que trabajaba para los servicios de inteligencia en la embajada de su país en Bagdad. La Cancillería española informó que José Antonio Bernal, sargento de la fuerza aérea, fue asesinado en las afueras de su casa en el elegante vecindario Mansur de Bagdad en las primeras horas de ayer, cuando intentaba huir de los atacantes.
En el nordeste de Bagdad, un soldado norteamericano murió cuando su convoy fue alcanzado por una granada impulsada por un cohete, lo que elevó a 92 la cantidad de militares estadounidenses muertos desde que el 1 de mayo el presidente George W. Bush declaró el fin de los grandes combates. Mientras tanto, en el marco de la nueva estrategia puesta en marcha el miércoles por la Casa Blanca para justificar la guerra contra Irak, ante el creciente rechazo mundial contra la operación suscitado en la inexistencia de las armas de destrucción masiva, Bush señaló que había querido proteger a los estadounidenses de «un loco».
«No estaba dispuesto a dejar la seguridad del pueblo norteamericano en las manos de un loco.
No estaba dispuesto a contemplar, esperar y confiar en la cordura y moderación de Saddam Hussein», dijo, en un discurso ante tropas y reservistas en New Hampshire.
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