9 de noviembre 2007 - 00:00

Pakistán liberó a Bhutto del arresto domiciliario

Pakistán liberó a Bhutto del arresto domiciliario
El gobierno de Pakistán suspendió el arresto domiciliario que había impuesto este viernes a Benazir Bhutto para impedirle acudir a un mitin contra el estado de excepción, un confinamiento que la ex primera ministra intentó saltarse con la ayuda de sus seguidores.

"El arresto domiciliario fue levantado" porque respondía a una situación de seguridad muy específica que ya no existe, anunció el secretario de Estado del ministerio del Interior paquistaní, Kamal Shah.

El Gobierno sostuvo a lo largo del día que se trataba de una orden de confinamiento temporal "para impedirle que se expusiera a amenazas de atentado suicida muy serias".

Bhutto intentó en vano salir de su casa en Islamabad para asistir a una reunión de su Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) en protesta contra el estado de excepción decretado el pasado sábado por el presidente Pervez Musharraf, con quien llevaba meses negociando un reparto de poder.

La dirigente, que intentó en varias ocasiones salir de la casa, aprovechó para presentarse como la "salvadora" de los paquistaníes.

A primera hora de la tarde, cientos de policías que acordonaban su casa la dejaron salir en coche.

"Soy su hermana, no estoy armada y lucho por la democracia", dijo a un policía que al final le abrió paso.

Pero le dieron el alto en una segunda barrera policial.

"Algunas mujeres de mi partido quitaron los alambres de espino con sus manos", contó por teléfono a la AFP la dirigente, que concedió diversas entrevistas telefónicas sin dificultades.

Desde la instauración del estado de excepción, las autoridades cortaron en varias ocasiones la red de telefonía móvil cuando diversos líderes políticos y magistrados insubordinados intentaron hablar con los medios de comunicación o asistir a reuniones organizadas por la oposición.

La ex primera ministra tuvo que detenerse por tercera vez, cuando unos vehículos blindados le cortaron el paso.

"No quiero que Pakistán se convierta en un Irak. Quiero salvaros", gritó por un altavoz dirigiéndose a sus seguidores, a los policías y a una nube de periodistas antes de resignarse y entrar en su casa.

Rawalpindi, una gran ciudad a las afueras de Islamabad, donde debía celebrarse el mitin del PPP, había sido tomada por 6.000 policías.

Las fuerzas del orden recordaron el jueves que cualquier congregación pública quedaba prohibida por el estado de excepción, pero principalmente por "amenazas muy precisas" de ataques terroristas.

Según el jefe de la policía de la ciudad, Saud Aziz, hasta ocho kamikazes de movimientos afines a Al Qaida habían entrado en Rawalpindi en los últimos días con bombas preparadas para estallar.

Este viernes por la tarde, cuatro personas murieron en un atentado suicida contra el domicilio de un ministro paquistaní en Peshawar (noroeste) que salió ileso.

La ex primera ministra regresó a Pakistán el 18 de octubre tras ocho años en el exilio, después de que Musharraf la amnistiara de los cargos de corrupción que pesaban contra ella. Ese mismo día fue blanco de un atentado sangriento del que salió indemne.

En el plano diplomático, Estados Unidos volvió a pedir el viernes a Musharraf que establezca fechas concretas para realizar elecciones como para abandonar su puesto de jefe de las fuerzas armadas.

"El presidente Musharraf debe cesar el estado de emergencia, establecer una fecha para las elecciones", dijo el portavoz del Departamento de Estado Sean McCormack a periodistas.

"Se comprometió a realizar esas elecciones no más tarde del 15 de febrero, también se volvió a comprometer a quitarse el uniforme", apuntó.

Presionado por la sociedad civil y por Estados Unidos, Musharraf había anunciado en el jueves que las elecciones legislativas, previstas inicialmente a mediados de enero, se celebrarían antes del 15 de febrero.

El general Musharraf, que tomó el poder hace ocho años con un golpe de Estado incruento, decidió decretar el sábado el estado de excepción alegando una multiplicación de atentados islamistas y la injerencia de la justicia en su gestión.

La oposición paquistaní y los gobiernos occidentales consideran que se trata de un pretexto para aferrarse al poder.

Desde el sábado, la policía reprimió violentamente las manifestaciones pacíficas y más de 3.000 personas fueron detenidas o puestas bajo arresto domiciliario.

El PPP asegura que desde el miércoles 3.000 de sus militantes fueron también arrestados. La policía afirma que no superan los 1.000.

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