Para destrabar la parálisis política, Napolitano fue reelecto como presidente de Italia
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Napolitano ofrecerá su respuesta antes de la sexta votación.
El duodécimo presidente de la República italiana aceptó permanecer en el cargo que ocupa desde hace siete años por "responsabilidad" hacia el país y sobre todo por la incapacidad de las fuerzas políticas de elegir en el Parlamento, como prevé la Constitución, a una figura nueva.
Napolitano fue reelegido tras el acuerdo pactado entre el Partido Democrático (PD) de Pierluigi Bersani y la derecha de Silvio Berlusconi, con el apoyo de las fuerzas moderadas del primer ministro en funciones, Mario Monti.
"Hoy es un día importante para la República. Agradezco a Napolitano su espíritu de servicio y su generosidad, tanto personal como política, haber aceptado ese compromiso en un momento tan difícil, marcado por la incertidumbre", declaró el líder de la derecha, Berlusconi, notablemente satisfecho.
Su sucesor al frente del Gobierno, Mario Monti, agradeció a Napolitano su "espíritu de sacrificio".
El papa Francisco felicitó a Napolitano tras su elección y le deseó "que continúe su acción sabia y prudente apoyado por la cooperación" de los partidos políticos.
Napolitano recibió la felicitación del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, del presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, y del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy.
La decisión del actual jefe de Estado, cuyo mandato dura siete años, por lo que terminaría a sus 94 años, es inédita, ya que se trata de la primera vez en la historia de la península que se reelige al presidente de la República.
El veterano excomunista, que en los últimos siete años de mandato ha tenido que resolver intrincadas crisis políticas, aceptó la petición, aunque no se si sabe si puso condiciones como la formación de un gobierno que logre aprobar la reforma de la controvertida ley electoral, "la cerdada", como la califica su autor, principal culpable de la ingobernabilidad.
La elección del jefe de Estado italiano por parte del Parlamento, que desde el jueves se reunía dos veces al día para votar, ha significado una cruda derrota para el PD, al borde de la implosión y del "suicidio político".
La tercera economía de la zona euro se encuentra a la deriva, frente a una de las peores crisis políticas y económicas de la historia republicana.
"Italia está encallada. Al país no sólo le falta una mayoría y un gobierno, sino que es incapaz de elegir al jefe de Estado", advertía en un editorial el diario La Repubblica bajo el emblemático título de "El naufragio".
La izquierda, vencedora parcial de las elecciones legislativas de finales de febrero, no logró la elección a la jefatura de Estado de dos importantes candidatos por sus graves divisiones internas.
El caos reina en el Partido Democrático (PD) después de que el ex primer ministro Romano Prodi, entre sus líderes más prestigiosos, salió quemado el viernes por la traición de 101 parlamentarios del propio partido, contrarios al liderazgo del dimisionario Pier Luigi Bersani y a su incomprensible línea política.
"Ninguna decepción. Mi encefalograma es plano", declaró Prodi tras la victoria de Napolitano.
La guerra sin piedad entre las diversas corrientes del PD ha sido definida como "ciego canibalismo" por la prensa, que habla de "suicidio colectivo".
Con un país sin una mayoría clara, dividido en tres partes inconciliables tras las elecciones legislativas celebradas hace más de 50 días, los líderes de la izquierda, la derecha y el centro optaron por una figura conocida que ofrece garantías a todas las fuerzas y calma el tenso clima, pero deja la incertidumbre sobre el deseo de cambio manifestado por buena parte del electorado italiano a finales de febrero.




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