31 de marzo 2003 - 00:00

Para el Pentágono, habría que reiniciar la guerra

Es cada vez más claro que la estrategia de Estados Unidos en la guerra de Irak está sufriendo serios traspiés, al punto que ya se habla de duros enfrentamientos dentro del Pentágono. Ayer, tanto el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, como el jefe del comando central, Tommy Franks, tuvieron que salir a dar explicaciones ante el fuerte cuestionamiento de altos jefes militares a través de la prensa. Nada de lo que se pensaba antes de iniciar las acciones bélicas se está cumpliendo. El conflicto no parece poder resolverse en el corto plazo y no hay un desmoronamiento del gobierno de Saddam Hussein. Tampoco hay levantamientos populares contra el régimen ni deserciones masivas de soldados. Al contrario, las imágenes de efectivos norteamericanos muertos, helicópteros y aviones que caen y la imposibilidad de tomar ciudades importantes están impactando en la población de Estados Unidos. Inclusive dentro del Pentágono, especialmente en el ala netamente militar, crece la idea de que la situación ha sido mal encarada y que convendría rehacer el plan de guerra. La ciudad de Bassora, la segunda en importancia del país, resiste la embestida de la coalición como un ejemplo de esta situación. A esto se suman nuevos ataques suicidas, ahora fuera de Irak, como el que ayer dejó cinco soldados norteamericanos heridos en Kuwait. Mientras tanto, en medio de una intensificación de los bombardeos en Bagdad, un misil volvió a impactar en una zona residencial, dejando un número no determinado de muertos y heridos.

Washington (EFE, Reuters, DPA) - Las dificultades que presenta la guerra en Irak, que aleja la promesa de una batalla «rápida y limpia», hizo aflorar críticas e internas solapadas en el seno del Pentágono. El secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, tuvo que negar las acusaciones de que interfirió en los planes de guerra y que lanzó el conflicto con una fuerza insuficiente en el frente de combate, a pesar de tener un poderío inconmensurable en las bases en Qatar y Kuwait.

«Este es el caos en que se metió Rumsfeld porque no quería tener una fuerte presencia en el terreno», definió un estratega del Pentágono de alto rango a la revista «New Yorker».

Rumsfeld dedicó el día a enfatizar que los jefes del mando central, responsables de la guerra, «tuvieron todo lo que pidieron», y puntualizó que la estrategia, a la que consideró motivo de orgullo, es de la autoría del general Tommy Franks, responsable de las tropas en el Golfo.

•Críticas

«The Washington Post», entre otros medios, publicó datos sobre las diferencias entre el mando civil del Pentágono y los jefes militares, quienes creen que hay que «reiniciar la guerra» ante la fuerte resistencia iraquí. Las críticas acerca de que la fuerza desplegada es «inadecuada» o «insuficiente» proceden de generales en anonimato.

Los responsables del Pentágono tuvieron que revisar los planes, al comprobar que el régimen iraquí no se ha derrumbado rápidamente, no se produjeron las deserciones masivas en el ejército regular de Irak y las tropas de la coalición, lejos de ser recibidas como liberadoras, son acogidas con hostilidad. «The Washington Post» consultó con más de una docena de oficiales superiores del Pentágono, los que coinciden en que fue Rumsfeld quien modificó los planes para lanzar una guerra relámpago con un número reducido de tropas de elite.

La ofensiva hacia Bagdad se lanzó con una sola división, la tercera de infantería, que avanzó de forma muy rápida hacia la capital. Pero cuando esta unidad tuvo que hacer una pausa, sus líneas de abastecimiento se extendían varios cientos de kilómetros, con los flancos expuestos a las guerrillas y sin ninguna otra división pesada para tomar el relevo.

Los refuerzos que están en camino no estarán plenamente disponibles hasta bien entrado abril.

«Hay un flujo de fuerzas, que ya estaba previsto, y las tropas irán llegando de forma progresiva. Estamos siguiendo el plan», afirmó por su parte el jefe del Estado Mayor Conjunto, general
Richard Myers, a la cadena NBC.

Myers apoyó a Rumsfeld frente a las críticas, y aseguró que no se basan en razones técnicas, sino en el «juego de buscar culpables» típico de la capital de Estados Unidos. También defendió a Rumsfeld el controvertido asesor
Richard Perle, quien renunció la semana pasada por tener intereses incompatibles con su función, quien vaticinó que la guerra «podría ser incluso más corta que la primera guerra del Golfo», que duró seis semanas, y vaticinó un pronto colapso del apoyo a Saddam Hussein, incluso el militar.

El general retirado
Barry McCaffrey, quien comandó la 24ª División de Infantería en la Guerra del Golfo de 1991 y estuvo en contacto con la planificación para esta campaña, señaló a «The Washington Post» que Rumsfeld «pedía una explicación» por cada unidad solicitada, incluso si era una compañía de mantenimiento de 42 soldados. «El balance final es que había una falta de confianza en si los generales sabían lo que hacían» cuando solicitaban más tropas, añadió McCaffrey.

El Pentágono está reforzando su presencia en la zona de conflicto, con el envío de tres divisiones pesadas. El total de efectivos de la coalición alcanzará los 390.000 hombres.

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