Paro de estatales y marchas agravaron la parálisis de Francia
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Marsella fue escenario ayer de una de las principales manifestaciones sindicales que se
produjeron en Francia. Los gremios apuestan a un desgaste de Nicolas Sarkozy para frenar
sus planes de reformas.
Los más de cinco millones de asalariados del sector público piden mejores sueldos y protestan por la supresión de 22.900 empleos en la función pública, casi la mitad de ellos en la Educación, previstos por el gobierno para el año próximo.
La agitación social también afecta a la mitad de las 85 universidades francesas bloqueadas total o parcialmente en protesta contra una ley de autonomía que, según los estudiantes, conducirá a una «privatización» de la enseñanza superior.
El gobierno conservador -que cifró el costode la huelga en los transportes en más de 300 millones de euros por día- esperaba que este «martes negro» marcara el punto culminante de la movilización social antes de la apertura de las negociaciones, prevista para hoy, en el sector de los transportes.
Mientras tanto, el tránsito en el subte parisino y en los ferrocarriles seguía muy perturbado. Sólo funcionó uno de cada dos trenes de alta velocidad mientras que los de mediana distancia estuvieron prácticamente ausentes. A pesar de que se esperaba una mejora para hoy, la situación seguirá siendo aún difícil, mientras crece la exasperación de los usuarios.
Un 53% de los franceses, según un recientesondeo, apoya la protesta de los empleados públicos, que puede acentuar el descontento popular frente al aumento en el precio de los alimentos, del combustible y los alquileres.
En cambio, la huelga contra la eliminación de las jubilaciones de privilegio en el transporte sigue siendo muy impopular. En especial en la ciudad, las personas viajan apretujadas en los pocos subterráneos, autobuses y trenes de cercanías que aún funcionan. Los trenes que llegan a la estación generan empujones histéricos. Ayer volvieron a circular en París apenas un subte de cada tres y menos de la mitad de los trenes de cercanías.
En todo caso, la popularidad de Sarkozy sigue por encima de 50%, si bien, según los analistas, el «estado de gracia» de que disfrutó tras su llegada a la presidencia en mayo pasado ya terminó.




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