8 de abril 2005 - 00:00

Pese a pedidos, seguía el flujo de feligreses

Silvio Berlusconi
Silvio Berlusconi
Roma (ANSA, EFE, AFP) -Miles de personas, en especial polacos, continuaban arribando ayer a Roma, con la esperanza de, poder presenciar el funeral de hoy, ya que el desfile frente a su cuerpo fue interrumpido.

Cinco kilómetros y 24 horas fueron la distancia y el tiempo que un feligrés empleó ayer en la tarde para contemplar el féretro del Papa durante 10 segundos. Debido a la cantidad de fieles que se sumaban a las filas, el jefe del supercomisariado de la logística romana, en una medida de precaución, estableció que nadie se podría incorporar a la cola después de las diez de la noche del miércoles. Sin embargo, se decidió levantar las barreras para que se sumaran las personas provenientes de Polonia.

En las últimas horas, arribaron a la capital otros 700 autobuses con peregrinos provenientes de Polonia, quienes se instalaron en un improvisado camping en el Estadio Olímpico.

Roma está prácticamente desbordada. A medida que pasan las horas, transitar a pie y en automóvil se hace cada vez más difícil.

Por su parte, el premier italiano, Silvio Berlusconi, solicitó ayer al presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski, que pida a los fieles polacos que dejen de viajar a Roma para despedirse del papa Juan Pablo II.

Lo informó en un comunicado la presidencia de la República de Polonia. «El presidente polaco recibió una llamada telefónica del primer ministro italiano en la cual fue informado sobre la situación de Roma en cuanto a los peregrinos, cuyo número podría alcanzar los siete millones de personas», dice el comunicado. Berlusconi pidió al presidente polaco que difundiera esa solicitud y que el Estado polaco se ocupara de que cesen los viajes de los peregrinos a Roma.

Asimismo, la protección civil empezó a invitar ayer a los peregrinos que aún no se pusieron en camino hacia Roma a que no lo hagan. El razonamiento que el comité operativo de Protección Civil hizo durante una reunión fue sencillo: «Por el momento, no hay grandísimos problemas, pero Roma es como un vaso de agua y la situación está a punto de degenerarse».

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