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22 de abril 2008 - 00:00

Pide hacer paces al Vaticano

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Asunción (EFE, ANSA) - El ex obispo y próximo presidente de Paraguay, Fernando Lugo, confesó ayer que prefiere «una salida de consenso» con el Vaticano, que lo suspendió «a divinis» en 2007 por haber abandonado sus responsabilidades clericales.

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Lugo, de 56 años, fue sancionado de ese modo tras pedir en la Navidad de 2006 la reducción al estado laical. «Yo prefiero seguir perteneciendo a esta Iglesia, que tanto amo, y al mismo tiempo buscar una salida de consenso que puede beneficiar a todos y sobre todo al pueblo paraguayo», dijo ayer Lugo en entrevista con medios internacionales. El ex clérigo dejó entrever que quiere evitar un castigo severo como sería la excomunión. «Me pongo a disposición de lo que haga el Vaticano; creo que hay varias opciones. No soy quién para aconsejar qué decidir, creo que ellos lo saben muy bien», insistió Lugo, aunque advirtió que ahora se presenta un nuevo escenario.

En ese sentido, aseguró que la Santa Sede deberá decidir una nueva situación «que se da con un obispo rebelde suspendido 'a divinis', pero al mismo tiempo obispo electo presidente de la República».

El Vaticano «reflexionaráy profundizará con calma, desde el punto de vista canónico, cuál puede ser la mejor solución», dijo en ese sentido el portavoz papal, Federico Lombardi.

«Si hubiese que adoptar nuevas medidas en esta nueva etapa, las autoridades competentes (la Congregación para los Obispos) harán una reflexión tranquila; no hay un problema de gran urgencia. El hecho de que ya no ejerciera el ministerio episcopal permite que ahora con calma se reflexione mejor sobre su estatus», afirmó Lombardi. El jesuita insistió en que «hay que profundizar desde el punto de vista canónico para ver cuál puede ser la solución canónica mejor».

Lombardi resaltó que el Vaticano no cuestiona su elección como futuro presidente de Paraguay y mucho menos sostiene que la Iglesia vaya a hacerle una «especie de oposición particular».

En enero del pasado año, el Vaticano suspendió «a divinis» al obispo Fernando Lugo, es decir, lo alejó de sus funciones religiosas. Con un decreto de la Congregación para los Obispos, el prefecto de este dicasterio vaticano, cardenal Giovanni Battista Re, precisó entonces que el prelado permanecía «en el estado clerical» y seguía estando obligado «a los deberes a él inherentes, aunque suspendido en el ministerio sagrado».

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