Washington (ANSA, Reuters, EFE, AFP) - Con el pelo corto al ras, sin la barba y la melena que asombraron a sus compatriotas cuando fue descubierto durante la campaña en Afganistán, el «talibán estadounidense» John Walker se presentó ayer por primera vez ante el tribunal que lo juzgará por conspirar contra su país y que podría condenarlo a cadena perpetua.
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Walker quedó detenido sin el beneficio de la fianza y la segunda audiencia para su caso quedó fijada para el 6 de febrero próximo.
Mientras los medios de prensa y la opinión pública siguen debatiendo si corresponde alguna forma de compasión ante la historia del desorientado muchacho de 20 años que dejó atrás a su familia en California y terminó enredado con fundamentalistas islámicos, el ministro de Justicia, John Ashcroft, dijo ayer secamente que Walker «debe enfrentar la responsabilidad por sus decisiones».
Walker estuvo delante del juez W. Curtis Sewell durante unos quince minutos, firme y vestido con el uniforme verde de los detenidos. Al concluir la audiencia, el talibán respondió: «Sí, comprendo, gracias», cuando el juez federal de Alexandria, Virginia, en los alrededores de Washington, le preguntó si comprendía los cargos. El prisionero miró repetidamente hacia el lugar donde estaban ubicados sus fiscales, pero en ningún momento hacia donde se encontraban sus padres, dos filas detrás de los abogados.
La madre, Marilyn Walker, y el padre, Frank Lindh, se reencontraron con su hijo después de dos años de no tener noticias de él durante una breve reunión que las autoridades carcelarias les concedieron en la noche del miércoles. Ambos pidieron ayer clemencia y aseguraron que pese a militar en el movimiento talibán jamás puso en peligro vidas estadounidenses. El joven fue capturado por las tropas norteamericanas en noviembre último en los alrededores de la ciudad afgana de Mazar-i-Sharif después de la recordada revuelta de los prisioneros alojados en un viejo castillo, durante la cual murió el agente de la CIA John Spann, la primera baja de las fuerzas de Washington en la campaña en el país asiático.
El joven había salido de Estados Unidos dos años antes hacia Yemen para continuar sus estudios islámicos, pero luego se habría dirigido a Pakistán y de allí a Afganistán, donde se sumó a los combatientes fundamentalistas que manejaban el país y daban asilo a los militantes del grupo terrorista Al-Qaeda.
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