Polémicas declaraciones de Bush a favor de pena capital
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No hay mejor ejemplo para ilustrar mejor la brecha que separa a 65% de los estadounidenses que apoyan las ejecuciones, de 35% que se opone, que la actitud del propio presidente Bush.
Según dijo el portavoz del mandatario, la decisión de Ryan no conmovió a Bush, quien antes de llegar a la Casa Blanca era gobernador de Texas, el estado que detenta el récord absoluto de ejecuciones.
El profesor Dierstein opina, sin embargo, que en el futuro inmediato podría haber un giro si los estados que tienen más ejecuciones y condenas a muerte, como Texas, Virginia y California, comienzan también a cuestionar la equidad de esta pena.
«La Corte Suprema deberá entonces tomar en cuenta lo que sucede en los estados para sus evaluaciones sobre las exigencias de la Constitución», estima Diann Rust-Tierney, directora del proyecto de pena capital de la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos. Para ella, las injusticias comprobadas en Illinois ya no podían seguir siendo ignoradas, como no pueden serlo las que se practican en otros estados del país. Y si otros gobernadores siguen el ejemplo de Ryan, el alto tribunal que reestableció la pena capital en 1976 y cuyas posiciones son mayoritariamente conservadoras, podría verse obligado a evolucionar. El rol de Bush en este contexto podría ser primordial en un futuro cercano, porque una de las prerrogativas del jefe de la Casa Blanca es nombrar a los jueces de la Corte Suprema de los cuales algunos, al menos dos, son candidatos a dejar sus funciones debido a su edad o a su estado de salud.



