14 de enero 2003 - 00:00

Polémicas declaraciones de Bush a favor de pena capital

Washington (EFE, AFP) - El presidente norteamericano, George W. Bush, consideró ayer que la pena de muerte representa un eficaz medio de disuasión contra el crimen, dos días después de que el gobernador de Illinois vaciara el corredor de la muerte.

«El presidente estima que la pena de muerte es un eficaz medio de disuasión y nada ha hecho cambiar su opinión sobre el asunto», afirmó el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer.

No obstante, el portavoz sostuvo que «no es tarea del presidente dictarles a los estados sus políticas» en la materia. Así respondió Fleischer al ser interrogado durante una conferencia de prensa sobre la decisión del gobernador republicano de Illinois (norte), George Ryan, de vaciar los corredores de la muerte de su estado conmutando la pena capital por cadena perpetua a 167 condenados a muerte, una decisión histórica en Estados Unidos.

La decisión de Ryan, quien en la última jornada concluyó su mandato como gobernador, fue saludada por varios países como una «decisión valiente».

Sin embargo, la decisión del gobernador de Illinois agudizó el antagonismo en Estados Unidos entre los partidarios de la pena capital, que cuentan con el respaldo del presidente, y los abolicionistas que intentan sensibilizar a la opinión pública a su favor. De todos modos, tanto unos como otros, reconocen que la decisión sin precedentes del gobernador Ryan modificó los términos del debate.

«Esto va a avivar la discusión», estima el jurista Robert Dierstein, profesor de derecho en la American University de Washington y especialista en el tema.

No hay mejor ejemplo para ilustrar mejor la brecha que separa a 65% de los estadounidenses que apoyan las ejecuciones, de 35% que se opone, que la actitud del propio presidente Bush.

Según dijo el portavoz del mandatario, la decisión de Ryan no conmovió a Bush, quien antes de llegar a la Casa Blanca era gobernador de Texas, el estado que detenta el récord absoluto de ejecuciones.

El profesor Dierstein opina, sin embargo, que en el futuro inmediato podría haber un giro si los estados que tienen más ejecuciones y condenas a muerte, como Texas, Virginia y California, comienzan también a cuestionar la equidad de esta pena.

«La Corte Suprema deberá entonces tomar en cuenta lo que sucede en los estados para sus evaluaciones sobre las exigencias de la Constitución», estima
Diann Rust-Tierney, directora del proyecto de pena capital de la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos. Para ella, las injusticias comprobadas en Illinois ya no podían seguir siendo ignoradas, como no pueden serlo las que se practican en otros estados del país. Y si otros gobernadores siguen el ejemplo de Ryan, el alto tribunal que reestableció la pena capital en 1976 y cuyas posiciones son mayoritariamente conservadoras, podría verse obligado a evolucionar. El rol de Bush en este contexto podría ser primordial en un futuro cercano, porque una de las prerrogativas del jefe de la Casa Blanca es nombrar a los jueces de la Corte Suprema de los cuales algunos, al menos dos, son candidatos a dejar sus funciones debido a su edad o a su estado de salud.

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