George W. Bush encargó a comienzos de 2002 a Joseph C. Wilson viajar a Níger para averiguar si era verdad que Irak había intentado comprar uranio ligeramente enriquecido en este país. Su conclusión fue que era imposible que se hubiera producido tal venta. Sin embargo, Tony Blair y George W. Bush, meses más tarde, retomaron la versión para intentar convencer a los países del Consejo de Seguridad de la ONU de que era imperioso atacar Irak. Joseph C. Wilson escribió en "The New York Times", en un artículo que reproducimos, que "fuimos a la guerra con pretextos falsos", lo que obligó ayer al vocero de la Casa Blanca para Seguridad Nacional, Michael Anton, a reconocer que "ahora sabemos que los documentos que mencionaban una transacción entre Irak y Níger fueron falseados".
¿Manipuló el gobierno de Bush la información sobre el plan de armamento de Saddam Hussein para justificar la invasión de Irak? A tenor de mi experiencia en el seno del gobierno durante los meses que precedieron a la guerra, no me queda más remedio que llegar a la conclusión de que se retorció parte de la información relativa al plan de armamento nuclear de Irak para exagerar la amenaza iraquí.
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En febrero de 2002, recibí una comunicación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre determinadas preguntas que el gabinete del vicepresidente Dick Cheney tenía acerca de un informe de los Servicios de Información. Se refería al memorándum que documentaba la venta de uranio amarillo (una forma de uranio ligeramente procesado) de Níger a Irak a finales de la década de los '90. La CIA quería saber si yo estaba dispuesto a viajar a Níger para comprobar la veracidad de esa información. La misión que se me encargó tenía que ser discreta, pero no secreta.
A fines de febrero de 2002, llegué a la capital de Níger, Niamey. A la mañana siguiente me reuní con la embajadora Barbara Owens-Kirkpatrick en la sede de la embajada. No supuso para mí ninguna sorpresa, en absoluto, cuando la embajadora me dijo que estaba al tanto de las supuestas ventas de uranio a Irak y que ella tenía la sensación de que ya las había desmentido de manera fehaciente en sus informes a Washington.
Pasé los siguientes ocho días bebiendo té de menta azucarado. Conocí a miembros del gobierno de entonces, a miembros de gobiernos anteriores y a otros involucrados en el negocio del uranio. No tardé mucho tiempo en llegar a la conclusión de que era enormemente dudoso que hubiera tenido lugar una transacción de esa naturaleza. Dada la estructura de los consorcios empresariales que explotan las minas, resultaría extraordinariamente difícil para Níger llegar a vender uranio a Irak. El negocio del uranio de Níger consiste en dos minas, Somair y Cominak, explotadas por intereses franceses, españoles, japoneses, alemanes y nigerianos. Si el gobierno quisiera llevarse uranio de una de las minas, tendría que notificarlo al consorcio correspondiente que, a su vez, se encuentra bajo estricta vigilancia de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Por lo que se refiere al dichoso memorándum, jamás llegué a verlo. En cualquier caso, las noticias periodísticas subrayaban el hecho de que los documentos contenían errores manifiestos (como el ir firmados, por ejemplo, por altos cargos que ya no formaban parte del gobierno) y que probablemente habían sido falsificados. A principio de marzo, llegué a Washington y, de manera inmediata, sometí un detallado informe a la CIA.
Creí que el tema de Níger estaba ya superado. En setiembre de 2002, sin embargo, volvió a salir a la palestra.
•Pretextos
El gobierno británico publicó un informe en el que se aseguraba que Saddam Hussein y su armamento no convencional representaban un peligro inminente. Como prueba, el documento mencionaba los intentos iraquíes por comprar uranio a un país africano. Más adelante, en enero, el presidente Bush, citando el informe británico, repetía las mismas acusaciones. En estos momentos, la pregunta es cómo se utilizó o se dejó de utilizar la respuesta por nuestros dirigentes políticos. Si la información no se tuvo en cuenta porque no se ajustaba a determinadas ideas preconcebidas sobre Irak, puede entonces sostenerse legítimamente el argumento de que fuimos a la guerra con falsos pretextos.
(*) Embajador de Estados Unidos en Gabón de 1992 a 1995 y consultor de empresas. Enviado oficial de George W. Bush a Níger en febrero de 2002.
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