21 de abril 2005 - 00:00

"Puede ser un Papa que sorprenda"

Ciudad del Vaticano (enviado especial) - El cónclave que terminó el martes dejó un sector perdedor, aunque en la Iglesia, casi por naturaleza, no se habla en esos términos. El padre José María de Vera, director de la oficina de prensa de la Compañía de Jesús ( jesuitas), aceptó hablar sobre la Iglesia que se viene con Ambito Financiero. Desde la sede oficial de los jesuitas, a 200 metros de la plaza San Pedro, De Vera deja en claro que pueden avecinarse tiempos movidos en la Iglesia Católica tras la elección de Joseph Ratzinger como vicario de Cristo. El sacerdote habla en nombre de la poderosa Compañía (85 obispos, 19.000 religiosos), la misma a la que pertenecen Carlo Martini, el cardenal que intentó frenar la candidatura de Ratzinger, y el argentino Jorge Bergoglio. Aunque De Vera aclara que «no es una guerra» dentro del Colegio Sacro, reconoce que hay «dos modos de enfrentarse con el mundo» que alcanzan a la sexualidad y la forma de gobernar el Vaticano.

Periodista:
¿Cómo reciben los jesuitas el nombramiento de Ratzinger?

José María de Vera: Evidentemente es un hombre que ha estado muy cercano a Juan Pablo II. Se ha pensado que la Iglesia necesitaba una continuación del papado anterior frente a la opción de iniciar un camino nuevo para encarar preguntas que Juan Pablo II no pudo abordar por falta de tiempo o por limitaciones físicas. Se ha presentado a Ratzinger como un inquisidor del siglo XX, exageradamente, y quizá nos sorprenda. Las veces que lo vi me ha parecido una persona muy humana.


P.:
¿Cuáles son esas preguntas que Juan Pablo II no pudo abordar?

J.M. de V.: Por ejemplo, la colegialidad, es decir, el hecho de gobernar la Iglesia en comunión con el resto de los obispos. Eso fue establecido en el Concilio Vaticano y quedó en la penumbra. Juan Pablo II comenzó queriendo renovarla Curia, pero al ver lo difícil que era, se dedicó a viajar para cumplir con su vocación de propagar la fe por el mundo. Por razones de historia se ha desarrollado como cabeza de la Iglesia este tipo «monarquía absoluta», en términos laicos. El cardenal Carlo Martini quería llevar esa colegialidad a cabo, así lo había dicho.


P.:
Finalmente ganó Ratzinger. ¿Esa «monarquía absoluta» a la que se refiere se puede intensificar?

J.M. de V.: Ratzinger no se ha distinguido por el énfasis en la colegialidad. Son dos modos de enfrentarse con el mundo y para eso existe el cónclave, para que no estén de acuerdo en todo. Hace 10 años, si hubiera habido cónclave, Martini habría sido elegido. Ratzinger, que es una persona muy sincera y humana, era cercano a la teología del Concilio Vaticano y se ha hecho conservador por causas que no conozco.


P.:
¿Podría esperarse que las divisionesse acentúen en el seno de la Iglesia?

J.M. de V.: A veces existe una burocracia central que está en conflicto con las iglesias particulares. No es una guerra, es una diferencia de matices, pero para eso sirve la colegialidad.


P.:
¿Tuvieron expectativas por el eventual nombramiento del cardenal Jorge Bergoglio como Papa?

J.M. de V.: Bergoglio tiene fama de ser una persona muy austera, muy espiritual, y ganó mucho prestigio cuando fue relator de un sínodo de obispos. También se supo que desafió a las autoridades civiles argentinas. Algunos decían que el hecho de que sea jesuita era una contra, porque en algunos círculos hay cierta reticencia con respecto a la Compañía. Bergoglio no se distingue por ser jesuita ciento por ciento como Martini. El mismo ha dicho que hay cosas de la Compañía que le gustan más y otras menos.

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