2 de noviembre 2004 - 00:00

¿Qué cambiaría con uno u otro en la Casa Blanca?

Nueva York - ¿Y si todo cambiara para que todo siga igual? Si el próximo 20 de enero George W. Bush vuelve a tomar posesión como presidente, su política internacional seguirá por el mismo camino, pero EE.UU. sufrirá alteraciones notables en los impuestos, las pensiones o el derecho al aborto. Si quien jura el cargo es John Kerry, puede que el cambio sea, en cierto sentido, menor.

La política internacional de una posible administración Kerry variará sus formas, aunque no su fondo. El demócrata promete para Irak más colaboración con los aliados, pero no propone ningún cambio sustancial en el comportamiento de EE.UU. en Oriente Medio. Sigue apoyando incondicionalmente a Israel, aunque Ariel Sharon puede tener las manos algo menos libres que con Bush.

• Continuidad

La posición de EE.UU. y su despliegue militar en el mundo seguirán intactos con Kerry: «Tengo 35 años de historial que deja claro cuál es mi política exterior», comentaba en el verano el candidato en una entrevista con «The New Yorker». «Apoyé Bosnia. Apoyé Kosovo. Apoyé Haití. Apoyé Panamá. Apoyo la acción militar cuando creo que es apropiada... No tengo dudas en mi voluntad de usar la fuerza si es necesario para proteger nuestros intereses en el mundo y obviamente la seguridad de nuestro país». Y, claro, el senador Kerry también votó «sí» a la invasión de Irak aunque ahora se queje de que estaba mal planeada.

El Colin Powell de un gobierno demócrata podría ser el senador Joseph Biden o el ex embajador ante la ONU Richard Holbrooke, diplomático con Bill Clinton. Ambos han sido muy críticos con la administración Bush y la guerra de Irak, si bien al primero se le han dado mejor las relaciones públicas. «Lo primero que tiene que hacer el próximo secretario de Estado es dejar claro a nuestros principales aliados que estamos dispuestos a colaborar, a hablar, y creemos que hay una necesidad de poner algunas reglas internacionales en el camino».

• Comparación

Holbrooke comparó hace unas semanas la lucha contra el terrorismo con la lucha contra la pobreza, como concepto o ambición, provocando durísimas críticas entre los republicanos.

En cualquier caso, incluso con mediadores moderados, no es tan seguro que los aliados estén dispuestos a participar. El primer ministro de Canadá,
Paul Martin, por ejemplo, ya ha dicho que no enviará tropas a Irak, aunque gane Kerry.

Las diferencias podrían apreciarse más en casa, con los planes de Kerry para ampliar la financiación pública del seguro privado de los estadounidenses (aún muy lejos de la cobertura universal), eliminar las bajas de impuestos de Bush para quien gane más de 200.000 dólares al año o dar más dinero a las escuelas públicas. Sin embargo,
incluso en las políticas domésticas, los cambios podrían ser muy limitados, sobre todo si los demócratas no recuperan el Senado y los republicanos siguen controlando el Congreso, capaz de bloquear cualquier reforma.

El auténtico contraste para EE.UU. es más bien lo que no pasará con Kerry. El demócrata no nombrará para el Supremo jueces ultraconservadores que quieran anular Roe vs. Wade (la sentencia que en 1973 extendió el derecho al aborto a todo el país) y no se opondrá a la investigación con células madre. Pero con un déficit presupuestario de 400.000 millones de dólares, medio país irritado por la derrota (la división bipartidista de EE.UU. no se acabará hoy) y los republicanos dispuestos, en palabras del periodista Seymour Hersh, «a morderle los tobillos» a Kerry, el margen de maniobra en política doméstica puede ser más estrecho que en el escenario internacional. Como ha escrito «The New York Times», «si la campaña fue dura, gobernar podría ser brutal».

Dejá tu comentario

Te puede interesar