16 de julio 2007 - 00:00

¿Qué cambió con la llegada de Gordon Brown al poder?

Londres - El día que tomó posesión como primer ministro, Gordon Brown se cambió inesperadamente de corbata. Al Parlamento y aún como canciller fue con una de riguroso rojo laborista. En la puerta de Downing Street y ante los ciudadanos, se presentó con una azul celeste, un tono desde siempre asociado al Partido Conservador.

Nadie sabe el porqué del cambio, en el que sólo algunos tabloides repararon. Quizá fuera sólo una inoportuna mancha de aceite o el consejo de un asesor rezagado. Sin embargo, el juego de las corbatas podría ser el símbolo de la metamorfosis de Brown, cuyas primeras decisiones -incluida su corbata- incluyen guiños inéditos al electorado tory y cuya voluntad parece que es ir a las urnas en cuanto logre una ventaja holgada en las encuestas.

El primer ministro ha desembarcado en el cargo con cierta hambre, lógica en quien ha estado casi dos décadas esperando que llegara su momento. Poseído de una especie de ansiedad retrospectiva, en sólo dos semanas Brown ha arrojado sobre la mesa desordenadamente todos sus proyectos. Y lo ha hecho saltándose incluso una tradición centenaria: aquélla según la cual el gobierno espera hasta noviembre para anunciar sus proyectos en la solemne apertura del Parlamento y por boca de la reina.

Presa de una impaciencia reveladora, el nuevo líder laborista ha puesto en marcha decenas de propuestas que han aturdido a los periodistas, acostumbrados durante años a que el mediático Tony Blair fuera explicando sus planes con cuentagotas para sacarles el máximo partido propagandístico.

  • Convencimiento

  • El primer ministro tiene en principio dos años por delante. Hay voces que le exigen que vaya cuanto antes a las urnas, pero el convencimiento general es que sólo lo hará si se siente seguro de la victoria. Margaret Thatcher decía que no se debían anticipar los comicios si no se tenían por lo menos 10 puntos de ventaja. Y quizá sean ésas las cábalas de Brown. [Una encuesta divulgada ayer por «The Sunday Telegraph» dio a los laboristas 7 puntos de ventaja sobre los tories, 40% a 33%].

    El actual premier anunció un nuevo gobierno con nuevas prioridades. Y, sin embargo, los desafíos que se amontonan sobre su mesa -educación, sanidad, una cierta fractura social- son muy similares a los que afrontaba su antecesor a su llegada al poder. No es que no se haya avanzado nada en estos años; es que han ido surgiendo circunstancias que han limitado la eficacia de las políticas de la era Blair.

    Entre los problemas genuinamente nuevos se halla la vivienda, la carta con la que Brown ha decidido jugarse su futuro político. La crisis se ha ido gestando en los últimos años, pero sólo ahora ha trepadohasta el cénit de la agenda política. Los datos son muy reveladores. Un departamento cuesta hoy alrededor de seis veces el salario anual de quien lo compra, casi nueve veces en Londres y en otras zonas del sur de Inglaterra.

    El diagnóstico de los expertos es palmario: faltan casas. Por eso Brown ha anunciado la construcción de tres millones antes de 2020, 250.000 más de las previstas por su antecesor.

    La segunda prioridad del primer ministro es la educación, donde parece dispuesto a profundizar en la gran apuesta de Blair: las escuelas públicas con financiación de mecenas privados. Especial revuelo han levantado los cambios en el currículo escolar, donde se incluirán clases de mandarín y urdu, pero se dejarán de estudiar las figuras de Churchill y Enrique VIII. Un disparate, según los conservadores, y una forma de leer el signo de los tiempos, según el ministro Ed Balls, a quien muchos ven como el delfín del primer ministro.

    Al margen de las anécdotas, la reforma educativa trata de elevar los maltrechos niveles de la educación pública, cada vez más alejada de los estándares de la privada. Brown ha anunciado además un ambicioso plan para promover el deporte en la escuela, lo que tiene mérito considerando que él perdió un ojo precisamente jugando al rugby en el instituto. El premier espera que ésa sea la medicina para jóvenes cada vez más desorientados y violentos, 33.000 de los cuales han ido a clase alguna vez con una navaja encima.

  • Modelo sanitario

    La sanidad británica espera del nuevo primer ministro ideas que la hagan más eficiente y cierren de una vez por todas el grifo del déficit. El ministro del ramo es el carismático Alan Johnson, pero el arquitecto de las reformas es un médico, el cirujano de origenarmenio Ara Darzi, al que Brown ha entregado la llave del futuro modelo sanitario británico. Darzi cree que los grandes complejos hospitalarios son cosa del pasado y que ha llegado la hora de diversificar los cuidados en clínicas especializadas mucho más pequeñas y adaptadas a las necesidades de los ciudadanos.

    Mención aparte merece la política exterior, al frente de la cual Brown ha colocado a su enemigo latente, David Miliband. Esta semana el jefe del Gobierno hará sus primeras visitas, primero a Berlín y después a Washington, en un orden que quizá tenga algo que ver con un suave distanciamiento de su antecesor. De todas formas, nadie debe esperar de Brown un giro radical en la diplomacia. Seguro que lo ayudará la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca, que calmará los ánimos entre las bases del laborismo, a las que exasperaba ver a su líder de la mano de George W. Bush.

    En cuanto a Europa, da la impresión de que Brown defenderá con más ahínco que Blair las peculiaridades británicas y será un hueso más duro de roer en las negociaciones.
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