¿Qué cambió con la llegada de Gordon Brown al poder?
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El actual premier anunció un nuevo gobierno con nuevas prioridades. Y, sin embargo, los desafíos que se amontonan sobre su mesa -educación, sanidad, una cierta fractura social- son muy similares a los que afrontaba su antecesor a su llegada al poder. No es que no se haya avanzado nada en estos años; es que han ido surgiendo circunstancias que han limitado la eficacia de las políticas de la era Blair.
Entre los problemas genuinamente nuevos se halla la vivienda, la carta con la que Brown ha decidido jugarse su futuro político. La crisis se ha ido gestando en los últimos años, pero sólo ahora ha trepadohasta el cénit de la agenda política. Los datos son muy reveladores. Un departamento cuesta hoy alrededor de seis veces el salario anual de quien lo compra, casi nueve veces en Londres y en otras zonas del sur de Inglaterra.
El diagnóstico de los expertos es palmario: faltan casas. Por eso Brown ha anunciado la construcción de tres millones antes de 2020, 250.000 más de las previstas por su antecesor.
La segunda prioridad del primer ministro es la educación, donde parece dispuesto a profundizar en la gran apuesta de Blair: las escuelas públicas con financiación de mecenas privados. Especial revuelo han levantado los cambios en el currículo escolar, donde se incluirán clases de mandarín y urdu, pero se dejarán de estudiar las figuras de Churchill y Enrique VIII. Un disparate, según los conservadores, y una forma de leer el signo de los tiempos, según el ministro Ed Balls, a quien muchos ven como el delfín del primer ministro.
Al margen de las anécdotas, la reforma educativa trata de elevar los maltrechos niveles de la educación pública, cada vez más alejada de los estándares de la privada. Brown ha anunciado además un ambicioso plan para promover el deporte en la escuela, lo que tiene mérito considerando que él perdió un ojo precisamente jugando al rugby en el instituto. El premier espera que ésa sea la medicina para jóvenes cada vez más desorientados y violentos, 33.000 de los cuales han ido a clase alguna vez con una navaja encima.
La sanidad británica espera del nuevo primer ministro ideas que la hagan más eficiente y cierren de una vez por todas el grifo del déficit. El ministro del ramo es el carismático Alan Johnson, pero el arquitecto de las reformas es un médico, el cirujano de origenarmenio Ara Darzi, al que Brown ha entregado la llave del futuro modelo sanitario británico. Darzi cree que los grandes complejos hospitalarios son cosa del pasado y que ha llegado la hora de diversificar los cuidados en clínicas especializadas mucho más pequeñas y adaptadas a las necesidades de los ciudadanos.
Mención aparte merece la política exterior, al frente de la cual Brown ha colocado a su enemigo latente, David Miliband. Esta semana el jefe del Gobierno hará sus primeras visitas, primero a Berlín y después a Washington, en un orden que quizá tenga algo que ver con un suave distanciamiento de su antecesor. De todas formas, nadie debe esperar de Brown un giro radical en la diplomacia. Seguro que lo ayudará la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca, que calmará los ánimos entre las bases del laborismo, a las que exasperaba ver a su líder de la mano de George W. Bush.
En cuanto a Europa, da la impresión de que Brown defenderá con más ahínco que Blair las peculiaridades británicas y será un hueso más duro de roer en las negociaciones.




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