¿Quiénes son los verdaderos profanadores?
Magdi Allam, analista del «Corriere della Sera», escribió para ese diario italiano un fuerte artículo sobre la polémica desatada por las controvertidas expresiones del Papa sobre el islam. En él afirma que Benedicto XVI no tiene de qué disculparse, denuncia el avance de una ideología violenta que pretende apoderarse de esa religión y, a la vez, reprocha la morosidad de los musulmanes más moderados para oponerse a esa situación. A continuación, los principales pasajes de la nota.
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Pues bien, al Papa se lo coloca en la picota y se lo amenaza por haber dicho lo que cualquier musulmán honesto y racional debería aceptar y asumir: la realidad histórica.
La lección que hay que extraer es que Occidente y la cristiandad deben dejar de considerarse la causa de todo lo que sucede, para bien y para mal, en el seno del islam y en el resto del mundo.
La ideología del odio es una realidad ancestral que existe en el seno del islam desde sus orígenes, a causa de su negativa a reconocer y respetar la pluralidad de las comunidades religiosas, que es algo fisiológico, dada la subjetividad de la relación entre el fiel y Dios y dada la ausencia de un único referente espiritual que encarne lo absoluto de los dogmas de la fe.
Una realidad que, a partir de la derrota de los ejércitos árabes en la guerra del 5 de junio de 1967, registró una inexorable explosión en paralelo al crecimiento del poder de los extremistas islámicos desde Irán a Indonesia, hasta desembocar en la deriva del terrorismo islámico globalizado, que ha transformado el propio Occidente en una «fábrica de kamikazes».
Esta es la trágica realidad de la ideología del odio, que consigue el consenso entre todos los musulmanes obnubilados por el antiamericanismo, por el antioccidentalismo y por la hostilidad al derecho de Israel a la existencia.
Los pretextos que pueden desencadenar su furia cambian y van desde la ocupación israelí a la guerra estadounidense, desde las viñetas de Mahoma a las declaraciones del pontífice Benedicto XVI. Pero el problema es una cuestión totalmente interna del islam, transformado por los extremistas de una fe en Dios en una ideología dispuesta a imponer un poder teocrático y totalitario a todos los que no están hechos a su imagen y semejanza.
Y me aterra constatar que incluso los llamados musulmanes moderados han renunciado al signo de la razón y se han alineado con la guerra santa, de la que sin duda serán las principales víctimas.




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