Rechaza Lula presiones por un giro en economía
La interna que atraviesa al gobierno brasileño es toda una tradición en ese país. Imaginando una refundación del oficialismo en el segundo mandato, que comenzará el 1 de enero, el ala desarrollista comenzó a embestir contra la liberal, presionando a Lula da Silva por un cambio de rumbo económico. Pero el presidente no quiere dejarse arrastrar por el Partido de los Trabajadores, algo que le costó caro hasta hace poco, y rechazó ayer cualquier aventura.
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Lula da Silva
y su esposa
Marisa ayer
al llegar a su
residencia en
Brasilia. El
presidente
dijo que fue
una bendición
ir a un
ballottage
porque eso
le permitió
sumar más
apoyos.
En la misma línea, la jefa de Gabinete, Dilma Rousseff, aseguró que el presidente mantendrá el férreo control del gasto público que caracterizó su primer mandato y que no introducirá cambios en la política de metas de inflación. «El 4,25% de superávit primario será mantenido», dijo la funcionaria en una entrevista con una radio local.
Estas declaraciones surgieron como consecuencia de las numerosas especulaciones acerca de un posible nuevo rumbo económico. Algunos de sus colaboradores hablaron de cambios en ese sentido, especialmente en el ritmo de recorte de la tasa básica de interés, para acelerar la débil expansión del PBI.
Esto expresa la interna que ha caracterizado a los últimos gobiernos brasileños, divididos entre un ala liberal, proclive a los equilibrios macroeconómicos, y una desarrollista, respaldada por el sector industrial.
Así, las acciones y el real cayeron ayer, debido a que los operadores esperaron a ver si Lula cambiará a su equipo económico o sus políticas ortodoxas. El índice Bovespa de la Bolsa de San Pablo cerró con una caída de 1,09% a 38.900 puntos, y la moneda local se debilitó 0,66% ante el dólar.
«Hay incertidumbre en relación con los ministros y si serán realmente más desarrollistas», dijo Daniel Szikszay, jefe de monedas de Banco Schahin en San Pablo. Uno de los funcionarios que aludió a un posible giro de la orientación económica fue Tarso Genro, ministro de Relaciones Institucionales, quien afirmó que la ortodoxia fue necesaria en el primer mandato para ordenar la economía, pero que ahora habrá cambios «desarrollistas» en pos de un crecimiento mayor, objetivo que el propio mandatario cifró en 5% anual.



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