Bogotá (Reuters, EFE) - Al menos 35 muertos, 29 militares y seis civiles, dejó la explosión de dos coches bomba y una casa donde la guerrilla colombiana almacenaba dinamita, pese a que continúan en La Habana las conversaciones de paz con la segunda guerrilla en importancia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
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El hecho más grave se registró el martes en la tarde en el pueblo El Dorado, departamento de Meta, donde estallaron dos toneladas de dinamita almacenadas en una casa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), mientras una patrulla de militares inspeccionaba el lugar. De allí fueron rescatados 29 cadáveres. La explosión, aparentemente accidental, ocurrió tras un combate contra las FARC en el que murieron cuatro guerrilleros y siete fueron capturados.
En otro episodio de la inacabable violencia en Colombia, quedó gravemente herido el subdirector del diario regional «La Patria» Orlando Sierra Hernández, al recibir dos disparos en la cabeza en la localidad de Manizales.
Por otra parte, la modalidad de los coches bomba volvió a irrumpir en los últimos días, aunque algunos sectores deslindaron la responsabilidad de las FARC en esos atentados. El primer episodio ocurrió en la localidad de Florencia, la capital del selvático departamento del Caquetá, que dejó seis muertos, incluidos dos niños, y nueve heridos. El coche bomba fue activado al paso de una caravana del ejército en un sector residencial de la ciudad.
Mientras, otro vehículo con 30 kilos de dinamita explotó ayer a la madrugada en un sector comercial de Bogotá, sin dejar muertos ni heridos. Aunque la policía atribuyó a las FARC este ataque y otro del viernes en el que explotó una bicicleta ocasionando la muerte de una niña, el enviado especial de Naciones Unidas, James Lemoyne, expresó que no tiene pruebas de la autoría de las FARC y recordó que hay «otros actores que saben perfectamente bien que es un momento muy frágil y son capaces de hacer esas cosas». Si fueron las FARC «sería tremendamente lamentable», indicó Lemoyne en Cuba, en donde asiste a la Cumbre de la Paz entre el gobierno colombiano y el ELN.
Guerrilleros, funcionarios del gobierno y miembros de entidades civiles, apoyados por los países «facilitadores», están reunidos en La Habana para darle una nueva oportunidad a la paz. Voceros del ELN reclamaron que «los dineros y recursos del llamado Plan Colombia se destinen a resolver los graves problemas sociales del país» e invitaron a EE.UU. a que «no le tenga miedo a la idea de legalizar la cocaína».
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