Reforma agraria en Paraguay pone alerta a Brasil
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Y, finalmente, tiene que atender las presiones de los exportadores, temerosos de perder la cosecha de soja y de maíz, si el conflicto se prolonga. Lugo conoce bien las consecuencias de un « parate» en el campo. Sólo le basta repasar lo sucedido en la Argentina a principios de este año.
Además de que los « brasiguayos» -unos 500.000 en total- producen 60% de la soja de Paraguay, el tercer país sojero de Sudamérica, son varios los datos para tener en cuenta. El miércoles, en San Pedro, 100 campesinos tomaron la hacienda de Francisco Gorostiaga, un ex campeón automovilístico paraguayo. Gorostiaga alquila sus 1.500 hectáreas a un «pool» sojero brasileño. Otro grupo ocupó también la propiedad del brasileño Evandro Araújo, de 70.000 hectáreas. Lo hicieron gritando contra el imperialismo de Brasil, tema que ha merecido gran cantidad de notas en la prensa paraguaya, junto con el de la falta respeto a la soberanía. También ese día, 70 campesinos «sin tierra» fueron apresados por la policía paraguaya en el departamento fronterizo de Alto Paraná. Buscaban pasar a Brasil.
Como para agregarle más combustible al fuego, las FF.AA. brasileñas iniciaron el 13 de octubre las maniobras «Operación Frontera Sur 2», en las que movilizaron 11.000 efectivos sobre la frontera con Paraguay y la Argentina. Este fin de semana, el ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobim, sobrevoló la zona. Desde Asunción se interpretó que los ejercicios militares buscaban intimidar a los paraguayos «sin tierra» que amenazaban invadir las haciendas «brasiguayas». El presidente Lugo, por las dudas, dijo que si la soberanía nacional fuese violada, «la reacción paraguaya no tardará». El ministro de Interior paraguayo, Rafael Filizzola, llamó al ejercicio «un atropello a la soberanía».
No sólo hubo reacciones; también previsiones. Como el Decreto N° 6.592 firmado por el presidente Lula el 2 de octubre. En él se dice que se «abrirá espacio para una contestación a los paraguayos», en caso de que se atacase a los «brasiguayos». El decreto incluye una norma que reglamenta el Sistema Nacional de Movilización y especifica qué puede ser considerado «agresión extranjera» para Brasil y los brasileños. Permite al presidente decretar el estado de movilización nacional en el caso de «agresión extranjera».
Ayer, el gobierno de Brasil divulgó una nota en la que manifestaba su « preocupación por las noticias de que movimientos sociales de Paraguay podían desencadenar acciones violentas contra la comunidad brasileña». En sus últimas declaraciones, el presidente Lugo garantizó seguridad a los brasileños y dio el primer paso en el proceso de reforma agraria: se recuperarán tierras fiscales entregadas de manera irregular. El problema es que muchas de ellas están en manos de brasileños, garantía de que el conflicto en ciernes se agravará.




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