17 de diciembre 2011 - 21:54

Roma le declara la guerra a los chicles

Roma no es Singapur, donde se puede terminar preso por la goma de mascar, pero de todos modos las multas para quienes ensucian la ciudad son altas.
Roma no es Singapur, donde se puede terminar preso por la goma de mascar, pero de todos modos las multas para quienes ensucian la ciudad son altas.
La Ciudad Eterna declaró la guerra al chicle, pasatiempo aparentemente inocuo que, en lugar de terminar una vez arrojado al piso, se empeña en persistir casi para siempre creando potenciales daños en los monumentos romanos y un gran gasto para removerla.

Roma no es Singapur, donde se puede terminar preso por la goma de mascar, pero de todos modos las multas para quienes ensucian la ciudad son altas: por lo menos 50 euros para los que son descubiertos arrojándola al piso, sobre todo en áreas arqueológicas o artísticas.

La limpieza extraordinaria de los chicles comenzó en Largo Argentina: entre los improvisados "operadores ecológicos" estuvieron el presidente de la empresa que se ocupa de la limpieza urbana en Roma (AMA), Piergiorgio Benvenuti, el superintendente de la capital, Umberto Broccoli, y la presidenta de la asociación "Noi per Roma".

"En Roma cada día 15.000 gomas de mascar son arrojadas a las calles y también en los sitios arqueológicos. Cada año son 5,47 millones que van a ensuciar las calles", dijo Benvenuti.

Tras la limpieza de Largo Argentina, se firmó un protocolo de acuerdo para iniciar un proyecto de sensibilización y respeto a los espacios públicos con el fin de salvaguardar las áreas monumentales y arqueológicas de la ciudad.

"El chicle crea una fuerte contaminación porque la biodegradación se produce cada cinco años. Para la AMA, además, cada intervención para quitar una goma cuesta un euro. Este acuerdo quiere involucrar a todos, ciudadanos y asociaciones, en el cuidado y la limpieza de la ciudad", agregó Benvenuti.

"El fin de la asociación 'Noi per Roma' -declaró Rauti- es empeñarse en primera persona para mejorar el decoro y el bienestar de la ciudad, a través del voluntariado".

"Es bueno limpiar pero es igualmente importante no ensuciar -concluyó Broccoli-.Lamentablemente debo decir que somos un pueblo sucio, tanto nosotros italianos como a veces los turistas, que consideran a Roma una suerte de basurero donde arrojar cualquier cosa".

"Las gomas de mascar, además, provocan un año increíble porque se pegan y luego desprenden incluso pedacitos de mármol", concluyó.

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