La ceremonia de asunción fue presenciada por los presidentes Sánchez de Lozada, de 72 años y quien ya gobernó Bolivia entre 1993 y 1998, insistió en pedir la unidad de los bolivianos y convocó a generar «empleos, empleos y empleos» y a derrotar la corrupción. «Ante todo hare-mos andar este proyecto» y «creo que, aunque es difícil, siempre es mejor construir que destruir», sustentó.
El mensaje conciliador de Sánchez de Lozada inclusive de la oposición, alertó sobre la gravedad de la crisis que ya afectó a las naciones del Mercosur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Luego de la transmisión de mando, Sánchez de Lozada se encaminó al Palacio Quemado de La Paz, donde tiene previsto anunciar la composición del futuro gobierno de conservadores y socialdemócratas que regirá la nación por los próximos cinco años.
El equipo ministerial desempeñará «un gobierno de mucha intervención en la economía, dejándola funcionar y dejando que haya iniciativa y creatividad en los agentes económicos, pero colaborando y presionando para que haya un verdadero manejo», según el nuevo mandatario.
Bolivia se encuentra «en crisis, en emergencia», dijo al referirse a la situación de una economía que padece un déficit fiscal de 6,5%, un desempleo de 8,5% y perspectivas de crecimiento apenas por encima de 1,5%, según un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En el paisaje regional, el país andino está bien posicionado. Según la CEPAL, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Dominicana, Ecuador, México y Perú experimentarán crecimiento económico este año, mientras que la Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela enfrentarán cuadros recesivos.
Sánchez de Lozada tendrá además que lidiar con una fuerte oposición del diputado socialista
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