14 de junio 2006 - 00:00

Sderot, o cómo vivir bajo fuego palestino

Sedrot - La presencia de la comitiva de militares que acompañaban a la ministra de Educación,Yuli Tamir, durante su recorrido por Sderot provocó la indignación inmediata de varios transeúntes. Uno de ellos increpó a los uniformados a gritos, exigiéndoles que defendieran la « seguridad» de la ciudad.

El mismo tono de cólera que se apreciaba frenteal domicilio del laborista Amir Peretz. Casi una decena de vecinos del actual ministro de Defensa se turnan en la tienda instalada en un pequeño jardín como símbolo de su protesta. En las inmediaciones han colgado carteles con lemas como el que reza «Detengan a los Qasam y déjennos dormir».

El pasado 31 de mayo, uno de los cohetes artesanalescayó a escasos metros de este emplazamiento.«Nadie está a salvo. Ni el ministro de Defensa. ¡Es inaudito!», declaraba Hava Gad, de 41 años.

Gad, una madre de tres niños, parece secundar la rabia del alcalde de la localidad, Eli Moyal, que el domingo se plantó en Jerusalén en la oficina del primer ministro Ehud Olmert para decirle: « Tienen que elegir entre Beit Hanun (una villa palestina de Gaza) y Sderot. Si no destrozan Beit Hanun, Sderot se convertirá en una ciudad fantasma».

Bajo la presión psicológica que entraña el repetido impacto de cohetes Qasam en Sderot, los casi 23.000 vecinos de esta ciudad -situada a 7 kilómetros de Gaza-han comenzado a radicalizar sus posturas, exigiendo que el ejército israelí invada de nuevo la franja palestina.

Desde el domingo se han reproducido las manifestaciones de docenas de personas en la villa y
Convivir bajo fuego también en el cercano Shaar Hanegev. Según Yossi Cohen, portavoz de la alcaldía, en los últimos tres días han caído en la villa 68 Qasam. «Hoy ya llevamos seis», acota.

  • Desolación

    Yossi se expresa junto al panel que han instalado en la municipalidad con las fotos de los 15 residentes de Sderot que han fallecido en ataques palestinos. «Cinco, incluidos estos dos niñitos, han muerto bajo los cohetes Qasam», precisa. Al mediodía, las calles de Sderot parecían especialmente despobladas. Ni un alma en el mercado central. Todas las escuelas y centros infantiles clausurados. Tampoco había nadie en la piscina municipal.

    Los Qasam parecen haber conseguido difundir el miedo, incluso si las estadísticas siguen mostrando una escasa precisión.

    Cifras de la policía citadas por el diario « Maariv» el día 7 confirmaban este extremo. De los 311 misiles lanzados desde Gaza después del 1 de agosto de 2005, sólo 40% impactaron en zonas urbanas. Sin embargo, las fuerzas de seguridad han constatado un incremento en estas acciones. Si en 2005 eran 22 cohetes al mes, desde principios de año son 28.

    «Se están produciendo milagros, pero te das cuenta de que tu vida se ha convertido en una ruleta rusa», indicaba Rafi Kalternov, un joven de 17 años cuya habitación quedó devastada el martes bajo el impacto directo de otro cohete. El chico había abandonado la estancia minutos antes de la explosión para irse al colegio
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